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01 agosto, 2013

EXCURSIONES POR GRANADA: LAS MIMBRES

Visitamos hoy uno de los lugares, que en nuestra provincia son muchos, que conjugan la facilidad del acceso con la belleza de su entorno. Lo que sí es bastante conocido del lugar que visitaremos es el Área Recreativa Fuente de los Potros; quizás demasiado conocida, pues tanto en primavera como en otoño, en los días de ambas estaciones en que se permite el uso de las parrillas para que las personas que allí acuden hagan sus barbacoas, el aparcamiento y el acceso al lugar (a través del desvío que va hacia la Venta del Molinillo desde la A-92) se ven colapsados los fines de semana, incluso creando algunas situaciones de peligro cuando tantas personas acuden a un lugar con tanta naturaleza que estropear. Pero siempre hay días u horas en las que la masificación se puede evitar y así disfrutar de unos parajes indescriptibles como los que se pueden observar aquí, incluidos estos álamos que dan sombra al Área Recreativa.

Pero no hemos llegado hasta aquí simplemente para comer. Desde aquí se pueden hacer bastantes rutas, algunas largas como los 19 kms. que separan la Fuente de los Potros del Centro de Visitantes Puerto Lobo, pero nos vamos a concentrar aquí en un sendero circular que se encuentra en aceptables condiciones de señalización después de ser balizado hace algunos años por la Junta de Andalucía. Este es el principio del sendero, justo al lado de una pequeña área de juegos infantiles.


La primera parte del sendero es compartida con otro senderito de apenas 15 minutos  (por eso, en la anterior fotografía aparecen dos cartelones) que, como se observa en la foto, está perfectamente preparado para que puedan disfrutar de él personas con alguna discapacidad o para poder llevar carritos de niño. En la parte más elevada de su recorrido hay algunas zonas en el que el pavimento liso se ha deteriorado un poco por el natural desgaste, pero aún está aceptable. Pese a su corto itinerario, en él se advierte un precioso bosque de transición entre los pinares y una vegetación puramente mediterránea de encinas o quejigos, junto con alguna vegetación de ribera que se acomoda al frescor del arroyo que desemboca junto al inicio del sendero.
 

Pero al rato de subir por este sendero acondicionado, lo dejaremos para seguir el llamado Sendero de las Mimbres, sendero circular de aproximadamente hora y cuarto-hora y media y que básicamente lo que hace es rodear la Casa Forestal del mismo nombre. La Casa Forestal de Las Mimbres, que se vislumbra entre la vegetación  fue hasta no hace mucho un centro de recuperación de aves rapaces (de ahí que se encuentre dentro de un perímetro vallado para en su momento rechazar visitantes indeseables).
 
 
 La vegetación que sube hacía los tajos calizos que cierran el paisaje hacia el Norte es como digo diferente a los pinares que nos han acompañado por la A-92 y por el acceso hacia el Área Recreativa. Ahora son las encinas, quejigos, robles incluso, los que acompañan a una gran variedad de plantas aromáticas, como la lavanda o el espliego, lo que va hacer de gran parte del recorrido un auténtico placer para los sentidos y un gran libro abierto para el que quiera enseñar a sus hijos lo que es el bosque mediterráneo en su esencia más pura.
 

Hacia el Sur, y en las ocasiones en que se abre el bosque, podemos observar unas vistas que (perdón por la inmodestia del ser granadino) me recuerdan esos paisajes canadienses que uno sólo ha visto en fotos o documentales. Se abre el horizonte hacia los amplios pinares que se asientan sobre el centro del Parque Natural, culminando el paisaje como telón de fondo con la impresionante Sierra Nevada. Realmente es una delicia, después de la pequeña ascensión con la que comienza el sendero, verse recompensando con estas increíbles vistas, que, tal como se aprecia en las fotos, se pueden disfrutar tanto en una fresca tarde de verano como en un día soleado de invierno.  


Y tras culminar la subida inicial, el sendero llega a la Acequia del Fardes, una acequia de época árabe, al menos lo que fue su primera construcción. Nace en Fuente Grande (no confundir con la más conocida de Alfacar), que se encuentra cerca del poblado de Prado Negro, y  culmina en el río Fardes para así llevar el agua hasta la campiña de Cogollos Vega y alrededores. El sendero discurre junto a la acequia un buen tramo, siempre rodeado del encinar-quejigal, bastante frondoso como se aprecia. Avanzada la acequía, justo pasado el arroyo Majalijar comienza un sendero mucho más estrecho y dificultoso que conduce hacia el pico del mismo nombre, o ya en plan más animoso, hacia los parajes serranos de Deifontes, cruzando la Sierra Arana, aunque esos paseos más largos los tenga ya algo olvidados y tendrán que recurrir a los numerosas webs y blogs de experimentados senderistas para descubrir esas rutas.

A lo largo de la acequia del Fardes podremos observar estos antiguos puentes, que se realizaron para el paso del ganado o de los carros o burros utilizados para cargar con la leña de las encinas que los pocos residentes de la zona necesitaban para sus hogares. También  se usaban para evitar que los arroyos que cruzaban la acequia la aterrasen (de esta forma, la tierra se situaba sobre el puente y no sobre la acequia).


Al buen rato de seguir la acequia, se nos marca que debemos dejarla y descender por un sendero más amplio. A nuestras espaldas vamos dejando ese extraordinario bosque que en otoño-principios de invierno ofrece este verdadero contraste de colorido. También la vista se vuelve hacia los tajos de las Buitreras, o hacia los de Los Halcones o hacía las Chorreras, que muchos nombres hay en estos lugares para tantos tajos que los guardan desde el Norte. Dejamos atrás las encinas, los quejigos, los ocasionales robles y todo el sotobosque que componen las jaras, las zarzamoras, los majuelos o las retamas entre otras especies.


El sendero se va ampliando, de vuelta a los pinares, y esa amplitud mayor nos permite disfrutar de nuevas vistas de Sierra Nevada y, en la época adecuada, por ejemplo tras un deshielo, del verdor que inunda todo el paisaje.

Siguiendo la ruta marcada, llegamos hasta el Cortijo de las Chorreras que, como se ve, se encuentra abandonado y en ruinas, lugar donde hace ya algún tiempo residió alguna de las pocas familias que residían en esta zona. Después de pasar por este cortijo, el sendero busca su camino de vuelta a la Fuente de los Potros, entre pinares y con la satisfacción de haber disfrutado de unos lugares increíbles con no demasiado esfuerzo. Ojalá se respeten para que muchas generaciones sigan haciéndolo.

Y despedimos esta excursión de nuevo volviendo la mirada hacía el Norte, hacía el Majalijar, el pico que a veces emerge sobre los tajos más cercanos, como vigilándolos; quizás vigilándonos a nosotros, los intrusos que nos atrevemos a penetrar en sus bosques. Los que aquí han quedado interesados en estos lugares, sólo apuntar de nuevo que el Sendero de las Mimbres es de los senderos que, en la relación siempre complicada entre facilidad de los mismos y belleza de los paisajes, siempre sale ganando, además de estar bien señalizado y acondicionado, en líneas generales. A lo mejor nos vemos algún día por allí.

22 julio, 2013

EL CERRO DE SAN MIGUEL (II). UN TOQUE DE ATENCIÓN.


Volvemos al Cerro de San Miguel, del que ya puse una entrada hace tiempo, concretamente el once de enero de 2012. Un lugar siempre recomendable para volver en el que la vista se hipnotiza como cuando uno se puede pasar largas horas mirando el mar. Aquí no hay olas que nos remansen, sino simple paisaje granadino, tan lleno de contrastes y, sin embargo, tan unitario en la conjugación de sus elementos. Unas vistas que, al tiempo que calman el pensamiento,  te invitan a perderte por los montes, la vega, las calles retorcidas del Albaicín o incluso por los barrios nuevos de la ciudad. Y desde el poyete que sirve a los que miran, a la izquierda siempre la Alhambra, esa colina encallada que, a la caída de la tarde, aún intenta emular el poder que tenía en tiempos pasados, ostentosa no sólo ante los que deseaban rendirla, sino también sobre los habitantes del Albaicín.


Y a la derecha, tras la sierra de Parapanda, el sol se retira, muy despacito y con mucha fatiga (como anotó acertadamente García Lorca), y uno, aparte de sentirse agradecido de poder disfrutar de estas cosas de vez en cuando, y en un sentido más pragmático, no acaba de entender cómo esta ciudad no es capaz de promocionar y cuidar uno de sus puntos más increíbles y, por tanto, más potencialmente turísticos. Algo se reparó el entorno de la ermita hace algunos años, pero la acción de los que son  siempre irrespetuosos con el patrimonio de todos junto con la desidia del incapaz gobierno municipal (dudo yo que en Granada haya habido otro más mediocre, y sin embargo tan votado), va convirtiendo poco a poco la Ermita de San Miguel y su entorno en un lugar sucio y descuidado. Mi abuelo, cuando yo era pequeño, siempre me decía que Granada era como una persona de rostro precioso, pero lleno de churretes. Y así me sentí yo ayer mientras intentaba alegrar mi cuerpo con la contemplación casi infinita del terruño que me vio nacer.

Y es que la situación actual del lugar deja mucho que desear; por ejemplo en la limpieza de los solares que rodean a las murallas nazaríes del siglo XV, que tienen que soportar que el fuego lama sus piedras mientras la ciudad permanece insensible a lo que pasa y, lo que es peor, a lo que pudiera pasar algún día, si el incendio fuera de mayores proporciones. ¿No hay nadie en este Ayuntamiento atiborrado de cargos inútiles que haya pensado en la limpieza de los montes y solares de nuestra ciudad, sobre todo si están junto a un monumento?

He aquí más montones de hierbas secas y matorrales prestos a arder a no mucho tardar. Los turistas que estén en las torres de la Alhambra podrán entonces observar las llamas y confundirlas con la subida del Cristo de los Gitanos a la Abadía o con las señales que con antorchas se hacían desde las antiguas torres vigías con las que se comunicaba el Reino. Que no se diga que no se contribuye a dar espectáculos propios de un país bananero a los visitantes que nos buscan por eso. "Después de Salou, visite Granada, no le defraudará".

 

Unos días después de hacer esta entrada, estas brozas que vemos en la fotografía han ardido. No quisiera ser tan profético en el futuro. http://granadaimedia.com/fuego-san-miguel-alto-albaicin/

(Fotografía: Granadaimedia)

Y no, no es Salou, pero tiene casi los mismos ingredientes: gente guarra, zopenca e incivilizada que hace en sitios públicos lo que no se atreve a hacer en su casa. Latas, vasos, condones, tetrabriks y, sobre todo, esas botellas de cerveza que, en el  calor de la pesada tarde del verano granadino, son un buen ingrediente para combinar con el sol cuando está en su plenitud. Así se ayuda al monte a quemarse y a regenerarse, a lo mejor, de tanto incívico. Sin duda, se trata de una bonita puesta de sol.

Pero no sólo hay zopencos en los que visitan el entorno; también el Ayuntamiento muestra serlo cuando se deja que las papeleras de la zona sean inservibles, pues al parecer los recortes impiden que de vez en cuando alguien se apreste a retirar la bolsa, no ya repleta, sino desbocada de desperdicios. Por tanto, hasta que el Ayuntamiento cumpla con su obligación, se recomienda a los buscadores de preciosas puestas de sol que se lleven los desperdicios generados consigo hasta localizar un lugar más adecuado para ellos.

Y en las paredes laterales de la Ermita de San Miguel aparece un conjunto de factores aún más sublime. No sólo se pintarrajean sus paredes (curioso que la frase remita a la educación mientras se ataca a un edificio que no es que sea especialmente interesante desde el punto de vista artístico, pero sí desde las visiones etnográficas y paisajísticas), sino que también se le rodea con las mismas brozas con que se rodeaba a los condenados a la hoguera para que no escaparan al fuego purificador. Tal parece la función de estas brozas, salvo que quizás sea una venganza del diablo sobre el arcángel que lo vencía una y otra vez.
 
Y ya en la frontal de la Ermita, nos encontramos con estas poéticas líneas de alguien que quiere proclamar su ateísmo a los cuatro vientos y desde el punto más alto de nuestra ciudad. No seré yo quien defienda a una iglesia católica cada vez menos cristiana, pero dudo yo que el ateísmo necesite hacer proselitismo al estilo de los testigos de Jehová, y sobre todo que para ello necesite distorsionar el entorno de una ermita, tanto por el debido respeto a las creencias que cualquiera pueda tener, como sobre todo por la consideración a un lugar que es de todos los granadinos y no sólo de los fieles, pocos o muchos, que pudiera tener San Miguel. En todo caso, y buscándole algo bueno, la contradictoria y fea (en el sentido estrictamente estético ) pintada representa una especie de manifestación surrealista, poéticamente inútil y sin sentido, como contrapunto curioso a un lugar más que real, realmente inigualable. Sólo hace falta que lo cuidemos entre todos un poquito, y en ese todo incluyo a los numerosos vates que genera esta ciudad.

 

10 julio, 2013

EL TORREÓN DE LA PLAZA DE LA CHARCA

En nuestra ciudad siempre hay lugares que se escapan de las guías turísticas, de los que no se dispone de demasiada información, que aparecen casi sin esperarlos, pero que siempre sirven para marcar el paisaje y las calles de nuestra ciudad, para que el paseante sin rumbo encuentre un motivo más para dar por bueno su discurrir por la Granada de infinitos rincones.
 

Muy cerca de la conocida Plaza de San Nicolás y aislado del resto de tramos de la muralla que rodeaba la Alcazaba Cadima del Albaicín, se encuentra este torreón, que se encuentra justo al lado de la Plaza de la Charca. Para llegar a él, bien se coge la calle de la Charca, que bordea el Centro de Salud del Albaicín (desde su patio también se puede apreciar), bien por la escalera que aparece en la fotografía, por la que se sube desde la Plaza de la Charca, a la espalda de la Colegiata del Salvador. Nos encontramos en lo que es la zona más antigua de Granada, como así han demostrado excavaciones como las realizadas para la construcción de la mezquita del Albaicín,  con restos no sólo árabes, sino también de tramos de murallas íberas y romanas,  que dan idea de la importancia de este lugar estratégico en alto para formar el inicial núcleo urbano de Granada.


El torreón destaca, más por que por su importancia artística, por ser un hito aislado de una muralla que en otros lugares, como el que discurre junto a la Cuesta de la Alhacaba, se conservan mejor. Su forma en cubo aumenta el carácter defensivo de lo que fue la muralla zirí; una muralla casi inexpugnable para la época que  fue construida sobre otros tramos de civilizaciones anteriores. El conjunto de la muralla zirí es de los bienes monumentales más antiguos que de la época árabe se conservan en nuestra ciudad, y por eso merece toda ella una intervención rápida para su recuperación en todos los tramos que se conservan, incluidos torreones como el de la Plaza de la Charca, que aparecen de súbito cuando uno se pierde por las calles del Albaicín; un barrio que siempre nos da sorpresas a los que andamos en busca de cualquier indicio de nuestro largo pasado.


08 abril, 2012

EXCURSIONES POR GRANADA: LAS TRINCHERAS DE LA SIERRA DE HÚETOR

La Sierra de Huétor es el parque natural más cercano a la ciudad de Granada. Por su extensión, por sus bellos paisajes (con increibles vistas hacia Sierra Nevada) y por su importante patrimonio tanto medioambiental como histórico, supone un lugar idóneo para múltiples actividades de ocio. Aquí nos ocupamos ahora de presentar los restos que permanecen de un período tan aciago para la historia de España como el de la guerra que sucedió al golpe de estado contra la legitimidad republicana de 1936. Por la Sierra de Huétor pasaba el frente Noreste de la provincia de Granada; un frente que se mantuvo prácticamente hasta 1939 y que durante tres años dividió a las tropas leales a la República y las tropas fascistas. El hecho de que el frente estuviera en esta zona es la causa de las numerosas trincheras que se construyeron. Por tanto, según la zona donde se encuentren, podemos visitar tanto trincheras construidas por los fascistas como por los republicanos. En esta entrada me voy a centrar en dos: las del Cerro del Maúllo y las de los Llanos del Fraile. De todas formas, aparte de numerosas referencias en páginas y blogs de senderistas sobre ellas, me parece conveniente poner el siguiente enlace, desde el que se pueden descargar numerosas rutas de los parajes naturales de Andalucía y, dentro de las del Parque de Huétor, la ruta que une cuatro de las trincheras que existen en él:

Las trincheras del Maúllo  fueron construidas por el bando franquista y seguramente serán de las mejor conservadas en el Parque, incluso parecen haber sido restauradas en algún momento. Se conforman en torno al Cerro del Maúllo, rodeándolo casi en su totalidad con sus galerías, de las que sobresalen de tanto en tanto las garitas que servían tanto para vigilar como para disparar al enemigo. En las siguientes fotografías podemos observar tanto algunas de las galerías del Maúllo como las vistas que desde allí se otean y que hacían de este lugar un punto estratégico para la defensa de la zona por las tropas fascistas.




Como se observa no sólo se vigilaba gran parte de los montes de la Sierra sino también el propio pueblo de Huétor Santillán. Son las más accesibles al gran público, ya que desde el Centro de Visitantes de Puerto Lobo se inicia un sendero bien señalizado y que con no mucha dificultad nos lleva en no más de 30-45 minutos al Cerro del Maúllo y a sus trincheras.

Las trincheras de los LLanos del Fraile, también del bando fascista, tienen un acceso más complicado desde la zona del Área Recreativa de la Alfaguara. Sitúadas en el término municipal de Nívar y su disposición de galerías se cierra totalmente al abrigo de un pequeño cerro. Como se observa en las fotografías, su conservación es también bastante buena, incluyendo un túnel horadado en la ladera y que se puede visitar con algo de luz encima.  


Las vistas desde estas trincheras son también maravillosas, tanto hacia la zona de Víznar y el pantano de Cubillas como hacia la zona más interna de la Sierra de Húetor, con el río Bermejo, la sierra de Cogollos e incluso Sierra Arana como lugares controlados desde la trinchera. En todo caso, estos restos de lo que fue una guerra entre la legitimidad democrática y las tropas golpistas deben servir tanto para conocer y disfrutar del patrimonio histórico y paisajístico de nuestra tierra como para recordar las cosas tal como fueron, con el objetivo fundamental de que no vuelvan a reproducir hechos como los que provocaron la construcción de estas trincheras.  

04 marzo, 2012

OSCAR WILDE EN GRANADA

Naturalmente, el genial escrito irlandés Oscar Wilde nunca estuvo en Granada. Pero frente a la habitual entrada del blog basada en fotografías que he ido sacando por nuestro terruño granadino, vengo en esta a presentar una pequeña curiosidad que es el rodaje que se realizó en nuestra ciudad de algunas escenas de la película "Wilde", producción británica dirigida en 1997 por Brian Gilbert y que contaba como protagonistas principales a dos actores tan conocidos internacionalmente como Stephen Fry y Jude Law (entonces aún en el principio de su carrera), los cuales estuvieron en Granada para la grabación de unas escenas que apenas ocupan una mínima parte de la película. Rastreando en internet, he encontrado esta versión en italiano de la película  en la que podemos distinguir algunos de nuestros rincones que se hacen pasar por una ciudad italiana a la que, según el film, Oscar Wilde volvió en busca de su amante Lord Alfred Douglas tras pasar un par de años en la cárcel. Refiero ahora los minutos del vídeo en los que aparecen los rastros de Granada en esta película:

1. Sobre la hora y 34 minutos comienza una escena entre Lord Alfred Douglas (Jude Law) y un amigo rodada en el recién restaurado patio del Hospital de San Juan de Dios. 

2. Sobre la hora y 43 minutos comienza una escena rodada en el cementerio granadino, cerca de lo que era la antigua ermita (ahora convertida en columbario). Ahora el paisaje de esta zona está bastante cambiado con el levantamiento de muchas de las tumbas y la construcción de nuevos nichos, pero el camposanto granadino es perfectamente reconocible.

3. A continuación de la anterior escena, podemos ver a Oscar Wilde comiendo con un amigo en una mesa al aire libre instalada junto al Jardín Botánico, justo en la esquina entre las calles Málaga y Escuelas.

4. Y a continuación de la anterior, llegamos a la última escena de la película, quizás donde el granadino puede reconocer más su ciudad en ella, aunque el director quiera hacerla pasar por una ciudad italiana. La escena se abre con una espectacular panorámica de la Plaza de las Pasiegas y de la catedral granadina, en medio de la cual Wilde y su amante se encuentran. Personalmente, fui uno de los testigos curiosos del rodaje de aquella escena desde la esquina de la calle Colegio Catalino y  pude observar cómo se cambió incluso el rotulo de la plaza por otro con nombre italiano así como varias estampas granadinas que había en una tienda para cambiarlas por otras con vistas italianas (al final, estos detalles no se advierten en la película). Como curiosidad, indicar que hay un momento en que Oscar Wilde ve dirigirse a su amante a través de la Plaza de las Pasiegas, pero lo hace desde la puerta del Palacio Arzobispal, en la Plaza de Alonso Cano, y en dirección contraria, hacia la iglesia del Sagrario. Claro está que estas son cosas del montaje de la película, que no siempre respeta las perspectivas reales. La película acaba en una nueva vista panorámica de la Plaza de las Pasiegas, lo que sin duda da un interesante y curioso punto de vista granadino a esta producción británica.

 
 

 
 

18 febrero, 2012

ALGUNAS IMÁGENES DE GRANADA (II)

Para mí este es uno de las perspectivas de Granada que mejor refleja su alma, si es que las ciudades la tuvieran. Desde los estrechos senderos que desde el Camino del Avellano suben hacía el Generalife, podemos ver la Alhambra a la izquierda y el Albaicín a la derecha, y al fondo la lejana silueta de la Catedral que se sitúa justo en el ángulo formado por el valle del Darro. Y sobre todo ello, el precioso cielo de Granada, ese que ofrece tantos matices dependiendo del tiempo atmosférico o de la hora del día.

Desde la Vega granadina podemos observar esta impresionante perspectiva que, sobre el horroroso cinturón masificado del Camino de Ronda, nos permite ver el telón de colinas que cierra la ciudad hacia el Este. También podemos notar un matiz importante que muchas veces no se observa desde el interior de la ciudad. Está clara la hegemonía de la Alhambra sobre el paisaje granadino, pero aquí podemos intuir el imponente significado de magnificación y poder religioso que conllevaba la construcción de la Abadía del Sacromonte, no sólo por su tamaño, sino por su disposición preeminente en el entorno de Granada, casi tanto como la Alhambra, al otro lado del Darro. Pues ahora hagan un esfuerzo de imaginación y trazen una línea horizontal de cemento más o menos justo por encima de la Torre de la Vela, y ese será el paisaje que se verá si los que se empeñan en construir un innecesario cierre de la Circunvalación por el Este lo consiguen.

Y aquí la Vega se abre en dirección a Sierra Nevada con todo su verdor, mostrando ese paisaje que los granadinos estamos a punto de echar a perder para siempre entre nuevos centros comerciales y feísimas urbanizaciones de unifamiliares. Estamos a un dedo de destruir este legado paisajístico para nuestras futuras generaciones, un legado que inteligentemente administrado puede servir para avanzar en un desarrollo económico sostenible. Aunque personalmente dudo que la sociedad grananadina esté cercano de ello, sobre todo gobernando quien nos gobierna.

El Veleta, ese pintoresco pico de original forma, se puede observar desde innumerables lugares de Granada; lugares tan diversos que difícilmente se cansa uno de buscar nuevas perspectivas, con nuevas luces y distintos ambientes. En la primera imagen, desde las Vistillas de los Ángeles, la Sierra se encuentra nevada y el pico del Veleta presenta su cara más llamativa a lo largo del año. En la segunda, desde los aledaños del Parador de San Francisco, la Sierra está desnuda de su manto blanco pero lo ha trocado por otro más rojizo, ese que deja el atardecer del verano sobre las altas cumbres. La palmera del primer plano y el resto de la frondosa vegetación de la Alhambra y el Generalife, hacen que la imagen se encuentre más cercana a un sueño que a la realidad; pero es real y es Granada.

Las lomas cercanas a Güejar Sierra aparecen aquí nevadas en un frío día de invierno, casi contagiando su color blanquecino a las modernas edificaciones del Serrallo. La suavidad de las cumbres contrasta con las líneas rectas de las viviendas, y en parte en esta foto podemos decir que la naturaleza es capaz, mediante la luz del atardecer, de hacer la obra de los arquitectos algo menos forzada en el bello paisaje de nuesta tierra.

Y sobre las ultimas lomas del Llano de la Perdiz, surge la luna en Granada, a veces con esta rotundidad y plenitud, para recordarnos que a pesar de amar este pequeño trozo de terruño que es Granada, no podemos olvidar de dónde venimos y cuál es nuestro lugar dentro del inabarcable Universo, ese pensamiento que deberíamos tener más presente para olvidar absurdos localismos, nacionalismos y personalismos, esos a los que son tan dados algunos politicos.

Desde el Mirador de la Lona, la Avenida de la Constitución ofrece su actual paisaje después de algunos cambios urbanos a lo largo de los últimos decenios, aunque uno se quedará siempre con el paisaje que conformaba la impresionante arboleda que el último alcalde franquista taló con alevosía y nocturnidad. Pero independientemente de los distintos ambientes por los que ha pasado esta avenida, lo que indica esta foto para mí es como a duras penas la arboleda de sus parterres apenas consigue abrirse paso entre la abigarrada construcción de la zona. A pesar de los colores otoñales de los árboles, lo que predomina es el color del cemento. Es en fin, un paisaje totalmente urbano y en el que Granada pierde las referencias de su entorno rural y natural.

Y para acabar con estas imágenes granadinas, dos visiones (una más amplia y otra más reducida) de las Sierras de Tejeda y Almijara, esas que separan a la provincia de Granada de la Axarquía granadina. Son éstas sierras que suelen ser más visibles cuando la nieve las cubre, pasando más desapercibidas cuando el tono de sus cumbres se confunde con las tierras del Temple. Esta vista está realizada desde el mirador de San Cristóbal, y muestra una imponente cadena montañosa que la lejanía y su menor altura que la cercana Sierra Nevada hacen olvidar su existencia para los habitantes de la capital. Pero ahí está la Maroma, su altura máxima (algo más de los 2.000 metros), para recordarnos que siguen ahí, incluso para que algunos atrevidos se atrevan a culminar la cumbre y observar el impresionante paisaje que desde ella se observa.

15 febrero, 2012

LA MURALLA ALBERZANA

De todos los tramos de muralla árabe que quedan en Granada, quizás uno de los más desconocidos para los habitantes de esta ciudad sea la llamada Muralla de la Alberzana", del siglo XIV y  que discurre a lo largo del segundo tramo de la Cuesta de San Antonio, que acaba y termina en la Carretera de Murcia, antes y después de que esta antigua carretera pase junto al Albaicín en una de sus habituales revueltas. Su nombre viene dado por la cercanía al callejón del mismo nombre que a su vez se deriva de una casa que había en él que tenía un jardín de naranjos, que en arábigo se dice "albeztana". Hasta hace unos pocos años este trozo de muralla y el trozo de la Cuesta de San Antonio que junto a ella discurre permanecieron prácticamente olvidados por la sociedad granadina. Sobre los años 2006-2007 se empieza a hablar de un proyecto de recuperación del lienzo de muralla y de su entorno, hablándose entre otras cosas de la creación de un parque arqueológico-paseo que incluía juegos de agua en los restos de las albercas árabes y jardines que evocaran las huertas islámicas. El proyecto, impulsado por la Fundación Albaicín y financiado con fondos europeos, al final se quedó en menos de lo que se proponía, como casi siempre pasa en esta ciudad.

Empezamos el recorrido por su parte más baja, justo donde la Cuesta de San Antonio se cruza con la Carretera de Murcia. Una ligera arboleda, ahora deshojada por el invierno, intenta separar el entorno de la muralla del moderno paisaje del horizonte. A la izquierda de la imagen vemos los lienzos de la muralla, de la que hace poco se descubrió que fue revestida con polvo de huesos que se quemaban en un horno para añadirlos a la pátina de la muralla, junto con carbonato cálcico, cuarzo y materiales del entorno, según un estudio que en el 2008 realizó un equipo del departamento de Mineralogía de la Universidad de Granada, dirigido por la investigadora Carolina Cardell.

En un recodo existente junto a las escuelas del Ave María, nos encontramos con la Puerta de San Lorenzo, que se construyó a finales del siglo XIV o principios del XV, algo después de la construcción de la muralla, pues se les había olvidado crear un paso entre la puerta de Fajalauza y la de Elvira a lo largo de 1,5 kms, lo que defensivamente no tenía mucho sentido. Servía para comunicar la colina de San Cristóbal o barrio de la Xarea con el Camino de San Antonio y fue dada por desaparecida a principios del siglo XX hasta que se redescubrió en 1983. Como se ve, la puerta se abre en el interior de una torre y su originalidad radica en que su acceso no es directo, sino que los vanos se abren uno hacia el Norte (el que vemos aquí) mientras que el interior se abre hacia el Este.   


Tras el primer tramo del paseo, se abre otro más ancho y más cuidado en su tratamiento, en el que vemos la diferencia entre la franja contigua a la muralla, que queda libre de vegetación para así dejar el lienzo libre de vistas, y los bordes más cercanos a las edificaciones en el que se han colocado algunos elementos vegetales, en parte para mantener y reforzar la intimidad de las viviendas.



Conforme nos vamos acercando de nuevo a la Carretera de Murcia, en la zona más alta del lienzo, el paisaje se va tornando algo más descuidado. Aquí se valló el entorno de la muralla para poder realizar algunas excavaciones arqueológicas que dieran mayor sentido a lo que se quería denominar como paseo arqueológico. El caso es que como pasa tantas veces en esta ciudad, las disputas de este alcalde con la Junta han dejado el proyecto a medio hacer; incluso las vallas protectoras han sido arrancadas en algunos de sus tramos, provocando entre otras cosas que algunos insconcientes se dediquen de vez en cuando a hacer motocross prácticamente encima de las excavaciones.
Aquí vemos una apertura hecha a "hacha y martillo" para comunicar el aparcamiento que se ha creado junto a los Cármenes de la Alberzana y la Carretera de Murcia con la urbanización que discurre junto a la Cuesta de San Antonio y hacia el callejón de Tallacarne, en el entorno del Instituto Albaicin y la Residencia de La Salle.

En la zona aparecen sin ninguna protección, arrancadas en parte las vallas, excavaciones correpondientes a albercas árabes, a los antiguos Conventos de San Antonio y San Diego o incluso a algunos restos romanos.

Entre las aperturas superiores que las murallas (quizás, y hablo desde mi más absoluta ignorancia, abiertas para oxigenar las paredes adosadas de esos antiguos conventos) podemos observar, como casi siempre pasa en Granada, alguna vista curiosa, alguna lámina de la Sierra o alguna torre de iglesia, como en este caso ocurre con la parte superior de la torre de la iglesia de San Cristóbal justo detrás de las Escuelas del Ave María de San Cristóbal.

Así llegamos al final de la muralla, donde el paseo se vuelve algo más estrecho para culminar en la parte alta de la Carretera de Murcia. Es de esperar que algún día, cuando nuestros políticos dejen de usar nuestra Granada para sus intereses particulares o de partido (de todos los colores hay, pero para ser justos, en esto se lleva la palma nuestra nunca poco criticado alcalde), el parque arqueológico de las murallas de la Alberzana se culmine lo más parecido al proyecto original y suponga un aliciente más tanto para residentes como para visitantes, a los que hay que motivar cada vez más con nuevos lugares para que aumenten sus noches de pernoctación.

Una vez cruzada la Carretera de Murcia, la muralla prosigue hacia culminar en la Ermita de San Miguel para luego bajar hacia el Darro en lo que se conoce como Cerca de don Gonzalo. Poco después de cruzar la carretera nos encontramos con una de las puertas árabes que nos quedan en Granada. Se trata de la puerta de Fajalauza ("campo de los almendros"), que se abría al exterior al barrio de los Alfareros en el camino natural hacia Guadix. Destaca por su pasillo interior algo más largo de lo normal y cubierto de una bóveda apuntada.