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02 julio, 2011

LA OTRA ORILLA DEL RÍO DARRO

Miles de personas, junto con autobuses, taxis y coches particulares (más de la cuenta, diría yo) transitan cada día por la hermosa Carrera del Darro, una de las calles más sugerentes del mundo por su paisaje y por la riqueza artística que guardan las paredes que la rodean. La Carrera del Darro es la calle que acompaña al río por su derecha, pero a su izquierda también se pueden descubrir algunos pequeños tesoros de los que tanto le gusta esconder a nuestra ciudad; tesoros que a veces acaban en ruinas ante la desidia granadina o que esperan año tras año a que se realice el prometido paseo por la ribera izquierda del Darro. He aquí una pequeña muestra de lo que esconde para muchos la orilla izquierda del río Darro, quizás con la esperanza de que algún día esta zona se rehabilite como se merece, sobre todo por el entorno donde está situada.

Empezamos nuestro recorrido por la orilla enfrentada al Paseo de los Tristes, donde desde hace años duerme en el sueño de los justos un proyecto para acondicionar un paseo y rehabilitar el Hotel Reuma. Primero nos acercamos a los restos de los jardines del Carmen del Granadillo, unos terrenos municipales que el Ayuntamiento tiene en el más absoluto olvido.

Desde el antiguo Carmen del Granadillo podemos observar el Paseo de los Tristes desde otra perspectiva, así como una curiosa vista de la muralla alta del Albaicín. Esta es la vista que tendría el pintor granadino Marino Antequera, que nació en este Carmen en el año 1897,

La suciedad y la dejadez (basuras, indicios de botellones y alojamientos nocturnos, destrozo de los escasos restos que quedan como alguna fuente caída) es la tónica que presiden los jardines del Granadillo, un estado que aunque viene siendo denunciado por los partidos de la oposición desde hace varios años, no parece ser tenido en cuenta por el equipo municipal que tan poco quiere a Granada y que desgraciadamente la gobierna desde hace ocho años (peor aún, le quedan otros cuatro).


Junto al Carmen del Granadillo, y bien visible desde el Paseo de los Tristes, se sitúa el llamado Hotel Reúma por la clásica ironía granadina, que empezó en este caso cuando el hotel tuvo que cerrar a principios del siglo XX tras solo dos años después de su apertura en 1915, debido a que el propietario no tuvo en cuenta que la cercanía del río sería dañiña para los huesos de sus alojados. Se ha pensado muchas veces en su derribo por su estado ruinoso y también por ser un edificio anacrónico bajo la Alhambra, pero como ocurre con el Alhambra Palace se ha convertido en un elemento indispensable ya para el paisaje granadino. De este modo, el Patronato de la Alhambra tiene proyectado desde hace tiempo convertirlo en un "Centro de interpretación del monumento y de conexión con la ciudad". A ver si el dinero permite hacer realidad toda la rehabilitación de la zona.

Entre los dañados jardines del Carmen del Granadillo y la Cuesta de los Chinos, se sitúa el solar donde antiguamente estaba situado el Molino del Rey Chico, en el que aún se aprecían restos de un antiguo acueducto.

Dentro de la propuesta de rehabilitación de la orilla izquierda (que repetiré de nuevo, duerme en el sueño de los justos desde el año 2001) también se trataba de la recuperación de algunos huertos, hoy abandonados, y la consolidación del Tajo de San Pedro, resultado de varios factores como riadas, erosión, quizás filtraciones desde la Alhambra y alguna ayuda sísmica, un Tajo que pese a su belleza, puede poner en peligro a la Alhambra. Esperemos que la consolidación prevista ocurra antes que suceda algo irreparable. 

Si cruzando el Puente Espinosa (el segundo viniendo de Plaza Nueva) nos dirigimos a la izquierda por una corta callejuela de piso de piedra bastante descuidado, nos encontramos con esta preciosa fachada que ganó un premio de Rehabilitación cuando se recuperaban en la Carrera del Darro las tradicionales fachadas pintadas que habían existido en el barroco granadino. Como se observa el estado actual de la casa es lamentable, por lo que de no mediar ninguna acción, pronto las pinturas que tanto esfuerzo costó recuperar desaparecerán para siempre o simplemente el edificio se derrumbará.


El final de la calle de Santa Ana, tanto a la altura de Puente Espinosa como de Puente Cabrera, presenta un hermoso paisaje típicamente granadino, con casas añejas, balcones floridos, empredrado desencajado y la vista siempre al frente de la torre de la Iglesia de San Pedro.


Desde esta zona, empieza el acceso al breve Barrio de la Churra que se estampa enseguida con las tapias que protejen al bosque de la Alhambra, justo debajo de la Torre de la Vela. Un barrio que necesita también un poco de atención por parte de las autoridades municipales.

Desde el Barrio de la Churra podemos encontrarnos vistas novedosas del Albaicín, como esta curiosa torre con celosías del Convento de Santa Inés. Parece que la construcción se va a desplomar, pero ahí sigue, con sus cerradas ventanas, en las que las monjas tienen el único respiro a su clausura con las vistas del entorno.

También podemos tener una vista más amplia del Albaicín, al menos de la zona que desde San Nicolás baja hacia el río Darro. Podemos observar a medio camino la torre mirador del Convento de la Concepción y más cerca las bellas casas de la Carrera del Darro desde una mejor perspectiva que desde la propia Carrera. Los juegos de ventanas, terrazas, balcones y cipreses hacen disfrutar un buen rato de estas vistas que tenemos en Granada.


La calle Santa Ana llega muy estrecha y casi oscura a Plaza Nueva, no sin antes recibir el saludo de la torre de la Iglesia de Santa Ana. Es una calle sobre todo conocida por los baños árabes (modernos y como negocio) que existen y que fueron los primeros en abrir en Granada, y también es frecuentada cuando en Semana Santa interrumpe su tradicional sosiego por las multitudes que intenta adelantar a las procesiones que circulan por la Carrera del Darro. Curiosamente, y a pesar de su estrechez y su supuesta inaccesibilidad, parece haberse colado un vehículo.

Esta zona, más cercana a Plaza Nueva y a la propia oficina de Turismo, no se escapa del pertinaz abandono que todo el Barrio de la Churra y toda la ribera izquierda del Darro aguanta desde hace decenios. Como muestra esta casa en avanzado proceso de ruina, pero que todavía ofrece, a través de su puerta, algo de la belleza que acumuló durante siglos, como los azulejos de los altos zócalos, los arcos o las vigas de madera. Ahora sólo es un nido de suciedad y ratas, como tantas otras cosas que hay muy cerca de la Alhambra, justo al otro lado de conocida orilla derecha del Darro.

4 comentarios:

Ralex dijo...

Muy buenas. He llegado a tu blog por una búsqueda en Google de imágenes de Granada de hace unos años y me alegro de haber tenido esa idea esta mañana porque he dado con una guía de turismo que me llevará a conocer mejor la ciudad de Granada. Muy buen trabajo. Iré poco a poco leyendo los diferentes posts

Un saludo

BADISH dijo...

Nacido en el barrio del Betis, en Sevilla, recalé en tu tierra hace ya 35 años. Qué tiene Graná que engancha hasta no querer abandonarla?
Me gusta tu blog porque invita a un recorrido no al uso (MONUMENTOS) con el regusto de lo cercano y vivido y el malaje del dolor por los olvidos y la dejadez.

saludos

MAYTE dijo...

gracias por este recorrido que haces de esta preciosa y abandonada zona!!!
saludos!!!
mayte

Anónimo dijo...

Abandonada es poco. Esta zona está olvidada por el actual ayuntamiento de melones que gobierna la ciudad, por llamarles algo bonito. Ojalá se fueran pronto, pero mucho me temo que Granada, nos pese lo que nos pese a los que tanto la queremos, tiene nada más que lo que merece.

Granadinos cabreados, quisiera ver yo, preguntándose cómo en una ciudad con el monumento más visitado del mundo puede haber tanta ruina y pobreza en calles y espacios que debieran rebosar turismo, cultura, empleo a fin de cuentas, y crecimiento.

Yo adoro Granada. Pero odio que sus habitantes la dejen morir así. Ya pasó en el sXIX, cuando apenas unos pocos concienciados clamaban por la destrucción sistemática del patrimonio histórico. Si en el fondo el milagro es que la Alhambra siga ahí...