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21 septiembre, 2013

DEL CAMINO DE BEAS A JESÚS DEL VALLE

Como ya se ha comentado, procedemos aquí a recorrer un precioso camino que discurre por la que es para mí la zona más valiosa de esta ciudad. Ya han sido varias las entradas dedicadas a las orillas del Darro por nuestra ciudad, tanto en su tramo urbano como en las zonas más rurales; pero ahora quiero dejar lo que son las laderas para adentrarnos en el fondo del valle que como digo es una de las zonas menos conocidas por los granadinos, pero sin duda más interesantes, a menos que se consiga realizar ese abominable proyecto de cierre de la Circunvalación por el Este. Es por ello que es necesario poner este paisaje en valor, tanto en su vertiente del mero disfrute ciudadano como por su potencial uso turístico y económico para una zona que, bien planificada de forma sostenible, podría dar un nuevo elemento para ofrecer a los cada vez más numerosos viajeros que buscan senderos fuera de las zonas turísticas más habituales. A lo largo de este valle podrían crearse nuevos puestos de trabajo, para empezar en el acondicionamiento y mantenimiento del paisaje y, mas concretamente, de algunos senderos, pero también en el sector hostelero, especialmente en el hospedaje rural (semirural en este caso) acompañado de algún negocio de restauración, y por supuesto en la creación de una granja escuela o albergue educacional en la destruida Hacienda de Jesús del Valle, sin olvidar la recuperación de la agricultura en todo el valle. Me da miedo que el paisaje de Valparaíso pueda estar en peligro por la desidia, cuando no malicia en el asunto de la Circunvalación, de las Administraciones, o por algún incauto que por sí mismo o por orden de algún especulador prenda fuego a una de las zonas más valiosas desde el punto ambiental de nuestra ciudad. En nuestra mano, como granadinos, está en no permitir una destrucción irremplazable.  
 
Y es que sólo hay que ver esta fotografía tomada desde el Camino de Beas, pasado ya el Sacromonte. Al fondo, en el vértice inferior del valle se vislumbran las últimas casas del Albaicín mientras que a la derecha se ofrece a la vista la siempre imponente figura de la Abadía. Y en el fondo del valle, junto al río oculto entre la espesa vegetación riparia, multitud de huertas que ofrecen a los habitantes del barrio unos productos difícil de encontrar, por su frescura y calidad, en las grandes superficies.  

La belleza de las casas del Camino de Beas no sólo está en el paisaje del que disfrutan. Hay estupendas muestras de arquitectura civil, como esta vivienda que recuerda a las que existían en plena vega granadina. Es este el llamado Cortijo del Hornillo, aunque actualmente le han puesto como sobrenombre el de Cortijo de los Solteros, pues una empresa se dedica a ofrecer la vivienda para despedidas de solteros y otras fiestas algo alocadas. Sinceramente, no creo que sea el destino más idóneo para un barrio tan tranquilo, pero bueno, lo que sí hay que reconocerles que las fiestas las desarrollan sin que hayan tenido que recurrir al mal gusto de ambientar la vivienda de una forma más hortera.

Desde el Camino de Beas, poco antes de llegar al final, podemos ir ya observando la impresionante ladera izquierda del río (a la derecha en la foto), con ese bosque intenso de encinas y quejigos que tanto valor paisajístico y ambiental tiene.
 
El final del Camino de Beas da inicio a un sendero que lleva hasta Jesús del Valle y que discurre a pocos metros del río Darro, al que cruza en algunas ocasiones, bien mediante puentes realizados por obra humana o sencillamente cruzando a través de un tronco o con los pies descalzos, según el nivel del agua del río, aunque también se puede bordear por las parcelas cercanas. Aquí dejamos ya el asfalto y otros indicios de urbanización como los contenedores de basura. A partir de ahora nos adentramos en la zona más rural del valle.

Según avanzamos el camino observamos los restos de algunas haciendas que se conservan en peor o mejor estado. Esta es una de las dos que conforman el conjunto denominado "Casas del Oro". Es de suponer que el nombre les viene dado por la importancia aurífera del río Darro en el pasado. Esta que vemos, a pesar de la ruina en que se encuentra, ofrece todavía casi completa la estructura de la vivienda así como algún elemento como un bebedero de ganado, vestigio de la importancia ganadera que tuvo esta zona, pues los caminos que discurren por la ladera izquierda fueron usados por una trashumancia de alcance muy local.

El sendero discurre por esta zona ladeando algunas propiedades valladas y que hacen difícil perderse del único camino posible. Nos vamos acercando poco a poco a la sombra de la vegetación de ribera que se forma entre el río y la Acequia Real antes de que se separe del curso del río y vaya ganando altura sobre el cauce para llegar al Generalife y a la Alhambra. Del mismo modo, la ladera izquierda, conforme nos vamos alejando de la ciudad, va ofreciendo un bosque cada vez más cerrado.


Hay un momento en el que debemos cruzar hacia el otro lado del río pues no nos queda más remedio que seguir el camino marcado por los vallados de las fincas particulares. Nada más cruzar a la otra orilla, nos encontramos con los restos de lo que fue el molino de Teatinos (recoge el nombre del barranco que desciende desde la ladera de la solana), en el que abunda la vegetación de ribera, especialmente la de un fresno centenario.

A partir de aquí el sendero se vuelve más acogedor y agradable durante unos metros. Andamos junto a la Acequia de Teatinos, una de las que aún quedan en esta zona donde el agua está tan presente. La sombra nos acompaña por el estrecho pero agradable sendero, producto de una vegetación exuberante. Se abandonan por un momento las vistas más amplias de las laderas y barrancos para perdernos un rato en el ambiente más íntimo del soto del que también disfruta el caminante. A veces, el camino se abre un poco más y los rayos del sol entran íntimamente; también en alguna ocasión se cruza el río que casi siempre lleva un caudal importante, al menos más de lo que se espera, sobre todo estando a principios de septiembre.

El paisaje que nos envuelve se abre definitivamente a la altura de los barrancos de las Tinajas (que desciende desde el Llano de la Perdiz) y del Zapatero (en el mismo punto, pero en la vertiente opuesta). Aquí vemos el inicio del barranco de las Tinajas, apreciando de nuevo el bosque de encinas y quejigos de la ladera izquierda del río, así como los olivos que empiezan a ocupar ya las parcelas que se van formando en los ensanches del valle.

Justo antes de llegar a Jesús del Valle, se van mostrando las plantaciones de olivares que con el paso del tiempo fueron sustituyendo a las herbáceas en las laderas que suben hacia la zona del Fargue.

Y finalmente llegamos a la Hacienda de Jesús del Valle. Presentamos ahora una vista alejada de la misma, desde el sendero del Barranco del Abogado, que hacia ella desciende desde el Llano de la Perdiz. La hacienda se sitúa en el fondo del valle, entre el bosque mediterráneo de la umbría y las laderas de la solana, cubiertas de cultivos arbóreos, especialmente olivos. Al fondo, a la derecha, sobre los barrancos del Sacromonte, aparecen las viviendas más altas del Albaicín.

Conforme nos acercamos observamos el discurrir sinuoso del cauce del río Darro que se oculta bajo la abundante vegetación riparia. Por lo demás, las propiedades donde se ubican los cultivos que han ido acompañando a la hacienda a lo largo de su uso fueron compradas a moriscos, que ya establecieron huertas junto a los meandros del río así como cultivos arbóreos en la zona de umbría.

Conforme alcanzamos el fondo del valle, el cortijo se va volviendo algo más invisible, perdido entre la vegetación que acompaña al río Darro en su curso.


Y nos encontramos por fin, de cara, con la que fue entrada principal de la hacienda de Jesús del Valle, un bien que a pesar de estar declarado de interés cultural presenta este estado lamentable de abandono. Jesús del Valle fue construido por los jesuitas allá por el siglo XVII, que se mantuvieron en el edificio hasta la época de la desamortización. Contribuyeron en su construcción arquitectos vinculados a los jesuitas como el padre Pedro Sánchez, que también había colaborado con Ambrosio de Vico en las obras de la Abadía del Sacromonte. En su amplio recinto existían capilla, almazara, molino, prensa hidráulica, secadero, horno, palomar, sin olvidar claro está las habitaciones para la que se supone numerosa población que atendiera todos estos servicios o los patios que sirven de engranaje a toda la construcción. Todo ello se perdió y sólo se conservan unas ruinas cada vez más avanzadas, sin que el propietario (pensando en una futura recalificación de los terrenos una vez se hiciera la Autovía cruzando el valle por este punto; no me canso de repetirlo: ¡¡¡¡¡que gran insensatez cometería Granada si el proyecto se culminara!!!!!), ni las instituciones obligadas a vigilar los bienes culturales, ni los ciudadanos en fin, hagan nada por su rehabilitación para poder convertirlo en una granja escuela, en un albergue juvenil o en algo relacionado con el turismo rural.

Aquí vemos otra perspectiva desde Jesús del Valle, en la que se da idea de su distancia con la ciudad. A la izquierda la umbría que sube hacia el Llano de la Perdiz, y hacia el fondo de la imagen (centrado y a la derecha) se observa el cerro de San Miguel que cierra las laderas del Sacromonte.


Junto a las paredes derruidas de Jesús del Valle se mantiene un plátano singular y centenario que, si pudiera hablar, no dejaría de añorar el pasado de actividad agraria que este cortijo tuvo en la mayor parte de su vida. Su sombra, entre la hacienda y el río, es un lugar habitual de descanso para ciclistas y senderistas. Desde luego no debería serlo para los que con su afición al trial no sólo bombardean con su ruido el sonido natural de este paisaje sino que además estropean los caminos y ahondan en las preocupantes huellas de erosión que se observan en las laderas cercanas.

Más allá de Jesús del Valle, justo donde el Darro tuerce su curso, confluye en él el arroyo de Belén, que configura un bonito valle  en el que existen antiguos cortijos (la mayoría usados como segunda residencia) así como la Ermita del Santo Cristo del Almecín. En ella el pueblo de Dúdar celebra una romería el día 1 de noviembre. Su nombre viene porque según se dice el lienzo con la imagen fue encontrado debajo de un almez en el Cortijo de Belén. 

Y siguiendo el camino que desde Jesús del Valle iba a Huétor Santillán, antes de llegar a la presa donde se recoge el agua para la Alhambra, nos encontramos con alguna otra construcción vestigio de un rico pasado agrario de toda esta zona. Estas ruinas corresponden concretamente al llamado Molino del Rey, situado en el punto en el que la Acequia Real cruza el río Darro para a partir de ahí discurrir siempre por la ladera izquierda.
 
Ya que andamos por esta zona, aprovecho para mostrar un deslizamiento, como se dice, de libro. El cultivo del olivar, junto con el paso indiscriminado de motos que lesionan caminos y acequias, provoca una erosión fuerte con deslizamientos del terreno como el que aquí se muestra. Este enorme derrubio en concreto, además de por lo anterior, se ve afectado por las fugas de agua provenientes del Canal de Quéntar, al cruzar el llamado collado de los Arquillos. Se puede encontrar información más amplia de este deslizamiento en el siguiente enlace, desde el que se puede acceder al archivo PDF (mirar el de la provincia de Granada) realizado con motivo de unas jornadas que se han realizado por la Sociedad Geológica Española para la difusión del patrimonio geológico de nuestro país: http://www.sociedadgeologica.es/divulgacion_geolodia_activ2013.HTML

 

Y abandonamos ya Jesús del Valle, ofreciendo una nueva panorámica en la que se muestra tanto la disposición interior de la construcción como su más inmediato entorno. Un lugar que merece más conocimiento, más respeto y más cuidado de toda la sociedad granadina, que no puede dejar que muera un espacio tan interesante tanto desde el punto de vista cultural como del ecológico. Y sobre todo, una oportunidad para la ciudad, si se hacen bien las cosas, de volver a rentabilizar económicamente, pero de manera sostenible, un lugar que tiene mucho que aportar a nuestra sociedad.
 

1 comentario:

CARLA BRUNI dijo...

Llegué a este Blog por el de Alberto granados. Soy de las Islas Canarias y me gusta mucho como lo describes.....Saludos