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07 diciembre, 2010

SIERRA NEVADA: EL BLANCO TELÓN DE GRANADA


Cuando llega el otoño, el granadino mira hacia el horizonte del sur con impaciencia, sobre todo en aquellos años en que la sequía es especialmente dura con esta tierra. Pero antes o temprano la lluvia llega, y con ella la nieve a Sierra Nevada, y el paisaje cambia totalmente para el ojo de los que andan por las calles de Granada. Ningún turista o visitante que haya visitado Granada sólo en los meses estivales puede entender la transformación que las cumbres granadinas producen en los espacios de la urbe. Cualquier mirador se convierte en un vistazo insólito a un mar blanco (para mí Sierra Nevada es como el mar de la Granada interior), cualquier calle que cierra su perspectiva hacia el sur-sureste cambia su color, por muy estrecha o lúgubre que sea. Es cierto que, conforme se ha ido macizando la ciudad, las vistas se han visto reducidas o sencillamente han desaparecido, pero yo, como otros muchos granadinos, estaremos siempre en otoño esperando la primera nevada para sentir cómo el blanco se convierte en un color con el que nos ensoñaremos hasta la primavera.

Cuando la tarde avanza hacia el ocaso, las perfiles de la Sierra se agudizan y mientras el Mulhacen, casi escondido, se muestra ya oscuro, el Pico del Veleta (siempre el más definido desde la ciudad) aún tardará unos minutos en perder la intensidad del blanco para tornarse sonrosado. Este es un detalle de la Sierra desde el Mirador de San Nicolás, en el Albaicín, quizás el lugar desde el que la Sierra más ojos recibe.


Ya sin luz solar, pero en un día en que la noche tarda en caer, la Sierra se va vistiendo de pequeñas luces mientras la blanca ladera se va escondiendo tras la rotunda mole del cerro Huenes, todo ello desde el barrio del Zaidín.


Esta vista de los años 80 desde el Cerro de San Miguel demuestra que la ilusión de ver la Sierra blanca año tras año no fatiga nunca. También tiene la particularidad de ver la Abadía del Sacromonte con el tejado aún en su sitio, antes del incendio de hace unos años. Y como siempre, la blancura de la Sierra, en esta ocasión de los montes cercanos al Picón de Jeres, como cierre del bello valle de Valparaiso.


También desde los lugares menos prosaicos de Granada, como por ejemplo transitando en coche por la Ronda sur, la mirada se nos va a una Sierra repleta de nieve hasta la misma Vega. Azul y blanco son dos colores que siempre se han llevado bien para despejarnos mientras conducimos por la masificada Circunvalación.


También la Sierra nos ofrece su línea de cumbres desde los montes cercanos a Granada, como ocurre con esta vista característica desde el LLano de la Perdiz, en la que se nos muesta los contrastes no sólo del blanco níveo con el azul del cielo, sino con el primer plano del olivar sobre la alfombra verde surgida tras las primeras lluvias otoñales.


Y finalmente, una licencia para mostrar una vista diferente de la Sierra, esta vez desde algo más lejos de la ciudad, pero no demasiado. Desde la Sierra de Huétor, a escasos 15 kms. de la capital podemos ver cómo las impresionantes paredes del Mulhacen y el Alcazaba hacen seria competencia al Veleta con sus expresivos tajos.