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04 septiembre, 2013

EL LUGAR QUE HIZO POSIBLE LA ALHAMBRA

Si cualquier visitante actual de la Alhambra conociera un poco el entorno del monumento y fuera un poco curioso, enseguida se preguntaría algo fundamental para entender cómo una ciudadela construida en un promontorio y sin posibilidad de conseguir un caudal continuo y suficiente de agua, pudo llegar a convertirse en un conjunto de casi tres hectáreas (aparte del Generalife y otras huertas) en el que el agua formó parte no solo de los usos cotidianos de sus habitantes sino también de otros usos menos vitales como los ceremoniales o simplemente del disfrute de los sentidos. Efectivamente, sobre las estribaciones situadas sobre el conjunto monumental no existe ningún nacimiento de agua natural; tan sólo se pudo construir algunos aljibes como el de la Lluvia, del que su nombre indica la forma de recoger el agua. Pero el agua de lluvia sólo hubiera servido para una mínima población y desde luego no para derrocharla en jardines ni juegos acuáticos. Pero los ingenieros granadinos de aquella época idearon un sistema que, en general, aún se mantiene hoy. A través de unos seis kilómetros construyeron una acequia (ya hemos hablado algo de ella en la anterior entrada) en la que incluso excavando túneles consiguieron contactar con una cota de nivel en la que, desde el río Darro, conseguir un  caudal continuo de agua así como una mínima pendiente que llevara el vital elemento hasta el Generalife primero y luego a la Alhambra. Y de eso trata esta entrada, del lugar donde la Alhambra y el Generalife sustraen el agua al río Darro para su subsistencia tanto en el pasado como en el presente y, previsiblemente, en el futuro.
 
Es esta, nada más y nada menos, la en principio insulsa importancia de esta pequeña pantaneta que sirve para obtener agua de un pequeño río. A veces las cosas grandes se consiguen a través de medios modestos. La toma de la Acequia Real se sitúa unos 800 metros más arriba de Jesús del Valle, siguiendo el curso del río, justo cuando el río tuerce su sentido conforme el camino que le marca una fractura geológica. Un pequeño azud que se encuentra perdido en el centro de esta imagen obtenida desde la zona del Llano de la Perdiz, entre un oasis de vegetación de ribera, prácticamente donde el Barranco de Belén, a la derecha de la imagen, confluye en el río Darro.

Entre los frondosa vegetación aparece el río Darro, que de pronto se ve estancado por una construcción de la que naturalmente queda poco o nada de la original. Hasta este punto del Darro tuvo que llegar el ingente proyecto del primero monarca nazarí, Muhammad I, allá por mediados del siglo XIII.


Aquí vemos una imagen de la cascada que surge del desborde de la presa homónima con la acequia Real. Donde se encuentra esta presa al parecer existía ya un pequeño poblamiento tardoantiguo, hablando algunos autores de una posible canalización previa a la de Muhammad I. También se ha hablado de que este lugar hubiera estado vinculado a un posible punto de captación de agua para abastecer al antiguo Iliberri (colina del Albaicín, para entendernos), pero debiera haber salvado barrancos demasiado importantes. Pese a lo complicado de poder asegurar o no estas teorías, sí parece claro que este punto perdido del valle del Darro tiene más historia de la que parece.

Aquí una imagen del sencillo sistema de compuertas que abre a conveniencia el hueco por donde se separa el agua que se deriva hacia la acequia.


Y este es el principio de la Acequia Real, que primero discurre unos pocos metros por la ribera derecha para cruzar hacia la izquierda (lo hacía a través de un acueducto tras mover un molino harinero ya abandonado) para así poder ir descendiendo suavemente por las pendientes de la Dehesa del Generalife hasta alcanzar su objetivo.


Y este pequeño río que es el Darro, incluso a principios de septiembre, aún donando parte de su agua para la Acequia Real, consigue mantener un importante caudal que hace incluso tener que descalzarse un par de veces si se sigue el sendero (al menos, el principal) que discurre entre el Camino de Beas y Jesús del Valle, pero eso será objeto de la siguiente entrada que cerrará así una especie de trilogía dedicada a la zona menos urbanizada del valle del Darro a su paso por el municipio de Granada. No olvidemos que por estas zonas que estamos ahora, nuestro absurdo e incompetente alcalde, junto con su cohorte de incautos, pretende hacer el cierre de la Circunvalación por el Este. No se trata de estar contra el progreso, sino contra el progreso que nos hace retroceder como seres humanos racionales esquilmando el entorno natural mejor conservado de nuestro municipio. Granada no se merecería que algún día se acometiera tal disparate. En la próxima entrada, como digo, conoceremos mejor los lugares por donde quisieron construir una gran autovía.

10 agosto, 2013

LA PLAZA DEL PADRE SUAREZ

 La plaza del Padre Suárez, o de los Tiros, que también la llaman así, es uno de esos preciosos enclaves urbanos que presenta esta ciudad y que en ocasiones se deja pasar sin prestar demasiada atención a lo que en ellos se puede describir. Su actual diseño proviene de una de las muchas intervenciones que allá por los años 40  (en este caso concretamente en 1943) realizó el Alcalde Gallego Burín dentro de un plan mucho más amplio de embellecimiento y regeneración de la ciudad, lo que se llevó a cabo con mayor o menor suerte según los casos.
 
A esta pequeña plaza dan su fachada dos casas señoriales del siglo XVI, un antiguo convento o un palacio decimonónico, lo que le daría idea de su esplendoroso pasado si hubiese existido entonces, pues no apareció como espacio urbano hasta principios del siglo XX. También conviven en el pequeño espacio un pilar, un monumento, un par de terrazas de restaurantes y unos cuantos alcorques de árboles cuya sombra casi oculta alguna que otra fachada, sobre todo en los meses de verano.


El lateral que la plaza comparte con la intersección entre las calles Pavaneras y Santa Escolástica es seguramente el más conocido. Aquí se encuentra el edificio monumental más conocido del entorno, que no es otro que la Casa de los Tiros, de la que no se va a hablar aquí, pues ella sola merece un libro. Sólo comentar que es un edificio del s.XVI  que impresiona por su fachada-fortaleza y que actualmente está ocupado por un Museo Histórico de la Ciudad de Granada gestionado por la Junta de Andalucía (se puede visitar ampliamente de forma virtual en su página web, aunque nada mejor que acercarse in situ a conocer sus vitrinas).  También son numerosas las actividades culturales que se realizan en la Casa de los Tiros, tal como exposiciones, presentaciones de libros o lecturas poéticas, estas dos últimas actividades ubicadas en su precioso salón de la Cuadra Dorada. A su izquierda, el edificio que ocupa actualmente el Archivo de la Chancillería, también del siglo XVI, y en el que nació en 1548 el Padre Suárez, un jesuita teólogo, filósofo y jurista, Doctor Eximio de la iglesia. Y de este acontecimiento viene el nombre que se da en el callejero oficial a la plaza.

 Además de estas dos casas señoriales del siglo XVI, encontramos en otro de los laterales, generalmente escondido entre la amplia frondosidad de la arboleda, el conocido como palacio de los Condes de Villaalegre, construido por Juan Pugnaire en 1885. Fue, tras su época nobiliaria, sede del Colegio Notarial, hasta que en 1915 lo compraron las Madres Mercedarias. Su fachada es de estilo neoclásico, con vanos distribuidos regularmente en sus tres plantas distribuidas por cornisas. En ella destaca sobre todo el elemento, adelantado al resto de la fachada, formado por el balcón aterrazado y el pórtico sobre el que se sustenta, realizado en piedra gris y formado, entre otros elementos, por cuatro columnas dóricas. 


Pero veamos ahora los elementos que Gallego Burín hizo traer a la plaza desde otros lugares para reforzar su escenografía monumental, ya avanzada por las fachadas de sus palacios. Quizás el más evidente es este monumento dedicado al actor Isidoro Maíquez. Se trata de un monumento tipo obelisco, con planta cuadrangular y realizado en piedra gris de Sierra Elvira. Ha sido un monumento muy viajero por la geografía granadina, pues de su situación inicial en el Campillo (erigido 1839), pasó a los pocos años al Cementerio (sobre la supuesta tumba del actor), luego sobre 1920 a los jardines del Genil para finalmente llegar en 1943, con la remodelación, a la plaza del Padre Suárez. Este Isidoro Maíquez fue, al parecer, uno de los más conocidos actores que ejercían por nuestro país a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Su fuerte temperamento y su voz apoyaban su carrera como actor trágico, fue amigo de Moratín y gozó del favor de José Bonaparte. En fin, un personaje en su época.  

Otro elemento que se incorporó a la plaza es el Pilar de Don Pedro, adosado al actual MADOC y antiguo convento de San Francisco Casa Grande, en el que por cierto durante algún tiempo, y ocupando también lo que hoy es la plaza, se ubicó la catedral y el edificio episcopal antes de su ubicación en la situación que todos conocemos. Se llama así porque lo mando construir para su casa Don Pedro de Mendoza, cuyo escudo aparece culminando el pilar entre dos volutas enrolladas. El agua surge de dos mascarones, tan utilizados en la construcción de los numerosos pilares que adornaban, y aún adornan en muchos casos cuando no han sido vendidos o saqueados, muchos patios de casas granadinas.  El pilar, de piedra gris, se ve enmarcado por otros tres escudos realizados en la misma piedra: el del centro y sobre el pilar, escudo de España con reminiscencias franquistas (recordemos que fue en 1943 cuando todos estos elementos se incorporaron a la plaza) y otros dos laterales que representan dos escudos antiguos de Granada, en los que aún no aparece representada la Torre de la Vela.

Finalmente, el último elemento fóráneo introducido en la plaza, es esta portada que fue la que daba entrada a la antigua cárcel ubicada en la Calle Cárcel Baja (aproximadamente donde hoy se encuentra el Monte de Piedad de Caja Granada). Es una portada del siglo XVI, almohadillada y con arco de medio punto, siendo el único resto que se conserva de la antigua cárcel del cabildo. En el cartelón central se lee la siguiente leyenda:

"GRANADA MANDO HAZER ESTA HO
BRA SYENDO CORREGYDOR SEGUNDA
BEZ EL MUYI YLUSTRE SEÑOR AREBALO DE ZU
AZO DEL CONCEJO DE SV MAGESTAD
COMENDADOR DE CARYCOSA
AÑO DE 1585"


Y aunque no se encuentre en la misma Plaza del Padre Suárez sino en la contigua Calle Ballesteros, no me resisto a hablar de la Casa de los Condes de Castillejos, que presenta (bueno, lo que queda de ella) una de las que es para mí más preciosas y originales portadas granadinas. Una portada realizada por algún alumno de la escuela de Diego de Siloé en el siglo XVI, abierta en ochava en una esquina y coronada por un balcón angular seccionado por una columna. Aquí la observamos en dos imágenes: tal como estaba a principios de los año 90 y tal como se encuentra ahora mismo. Como vemos, su degradación va avanzando cada día que pasa, pues de muchos usos (desde redacción de un periódico o cobijo de vagabundos), la Universidad de Granada iba a ubicar en él un edificio que funcionara como extensión del cercano Centro de Lenguas Modernas, pero por lo que se ve, el proyecto no ha llegado a cuajar, sumiendo al edificio en un lamentable abandono.



En un detalle, bajo el tímpano, podemos ver lo que queda del escudo de los fundadores: los Condes de Castillejo de Alazores.

En el lateral presenta originales ventanas apilastradas con balcones de hierro de decoración plateresca, pero como se ve el abandono va poco a poco cercenando la belleza de su arquitectura, incluidos cristales rotos que, con las inclemencias del tiempo, deterioran más el edificio.

El interior, o lo poco que se puede ver de él desde alguna de las ventanas detecta que en algún momento se pensó en su restauración. Los cascos, los tablones, paredes medio encaladas pueden dar la sensación de que se está en ello (¡ojalá sea cierto!), pero el abandono que refleja el edificio, simbolizado en ese tablón que atraviesa la ventana casi completamente liberada de sus cristales, indica por desgracia otra cosa. ¿No podría Granada salvar al menos la preciosa portada de este edificio?

 


 

22 julio, 2013

EL CERRO DE SAN MIGUEL (II). UN TOQUE DE ATENCIÓN.


Volvemos al Cerro de San Miguel, del que ya puse una entrada hace tiempo, concretamente el once de enero de 2012. Un lugar siempre recomendable para volver en el que la vista se hipnotiza como cuando uno se puede pasar largas horas mirando el mar. Aquí no hay olas que nos remansen, sino simple paisaje granadino, tan lleno de contrastes y, sin embargo, tan unitario en la conjugación de sus elementos. Unas vistas que, al tiempo que calman el pensamiento,  te invitan a perderte por los montes, la vega, las calles retorcidas del Albaicín o incluso por los barrios nuevos de la ciudad. Y desde el poyete que sirve a los que miran, a la izquierda siempre la Alhambra, esa colina encallada que, a la caída de la tarde, aún intenta emular el poder que tenía en tiempos pasados, ostentosa no sólo ante los que deseaban rendirla, sino también sobre los habitantes del Albaicín.


Y a la derecha, tras la sierra de Parapanda, el sol se retira, muy despacito y con mucha fatiga (como anotó acertadamente García Lorca), y uno, aparte de sentirse agradecido de poder disfrutar de estas cosas de vez en cuando, y en un sentido más pragmático, no acaba de entender cómo esta ciudad no es capaz de promocionar y cuidar uno de sus puntos más increíbles y, por tanto, más potencialmente turísticos. Algo se reparó el entorno de la ermita hace algunos años, pero la acción de los que son  siempre irrespetuosos con el patrimonio de todos junto con la desidia del incapaz gobierno municipal (dudo yo que en Granada haya habido otro más mediocre, y sin embargo tan votado), va convirtiendo poco a poco la Ermita de San Miguel y su entorno en un lugar sucio y descuidado. Mi abuelo, cuando yo era pequeño, siempre me decía que Granada era como una persona de rostro precioso, pero lleno de churretes. Y así me sentí yo ayer mientras intentaba alegrar mi cuerpo con la contemplación casi infinita del terruño que me vio nacer.

Y es que la situación actual del lugar deja mucho que desear; por ejemplo en la limpieza de los solares que rodean a las murallas nazaríes del siglo XV, que tienen que soportar que el fuego lama sus piedras mientras la ciudad permanece insensible a lo que pasa y, lo que es peor, a lo que pudiera pasar algún día, si el incendio fuera de mayores proporciones. ¿No hay nadie en este Ayuntamiento atiborrado de cargos inútiles que haya pensado en la limpieza de los montes y solares de nuestra ciudad, sobre todo si están junto a un monumento?

He aquí más montones de hierbas secas y matorrales prestos a arder a no mucho tardar. Los turistas que estén en las torres de la Alhambra podrán entonces observar las llamas y confundirlas con la subida del Cristo de los Gitanos a la Abadía o con las señales que con antorchas se hacían desde las antiguas torres vigías con las que se comunicaba el Reino. Que no se diga que no se contribuye a dar espectáculos propios de un país bananero a los visitantes que nos buscan por eso. "Después de Salou, visite Granada, no le defraudará".

 

Unos días después de hacer esta entrada, estas brozas que vemos en la fotografía han ardido. No quisiera ser tan profético en el futuro. http://granadaimedia.com/fuego-san-miguel-alto-albaicin/

(Fotografía: Granadaimedia)

Y no, no es Salou, pero tiene casi los mismos ingredientes: gente guarra, zopenca e incivilizada que hace en sitios públicos lo que no se atreve a hacer en su casa. Latas, vasos, condones, tetrabriks y, sobre todo, esas botellas de cerveza que, en el  calor de la pesada tarde del verano granadino, son un buen ingrediente para combinar con el sol cuando está en su plenitud. Así se ayuda al monte a quemarse y a regenerarse, a lo mejor, de tanto incívico. Sin duda, se trata de una bonita puesta de sol.

Pero no sólo hay zopencos en los que visitan el entorno; también el Ayuntamiento muestra serlo cuando se deja que las papeleras de la zona sean inservibles, pues al parecer los recortes impiden que de vez en cuando alguien se apreste a retirar la bolsa, no ya repleta, sino desbocada de desperdicios. Por tanto, hasta que el Ayuntamiento cumpla con su obligación, se recomienda a los buscadores de preciosas puestas de sol que se lleven los desperdicios generados consigo hasta localizar un lugar más adecuado para ellos.

Y en las paredes laterales de la Ermita de San Miguel aparece un conjunto de factores aún más sublime. No sólo se pintarrajean sus paredes (curioso que la frase remita a la educación mientras se ataca a un edificio que no es que sea especialmente interesante desde el punto de vista artístico, pero sí desde las visiones etnográficas y paisajísticas), sino que también se le rodea con las mismas brozas con que se rodeaba a los condenados a la hoguera para que no escaparan al fuego purificador. Tal parece la función de estas brozas, salvo que quizás sea una venganza del diablo sobre el arcángel que lo vencía una y otra vez.
 
Y ya en la frontal de la Ermita, nos encontramos con estas poéticas líneas de alguien que quiere proclamar su ateísmo a los cuatro vientos y desde el punto más alto de nuestra ciudad. No seré yo quien defienda a una iglesia católica cada vez menos cristiana, pero dudo yo que el ateísmo necesite hacer proselitismo al estilo de los testigos de Jehová, y sobre todo que para ello necesite distorsionar el entorno de una ermita, tanto por el debido respeto a las creencias que cualquiera pueda tener, como sobre todo por la consideración a un lugar que es de todos los granadinos y no sólo de los fieles, pocos o muchos, que pudiera tener San Miguel. En todo caso, y buscándole algo bueno, la contradictoria y fea (en el sentido estrictamente estético ) pintada representa una especie de manifestación surrealista, poéticamente inútil y sin sentido, como contrapunto curioso a un lugar más que real, realmente inigualable. Sólo hace falta que lo cuidemos entre todos un poquito, y en ese todo incluyo a los numerosos vates que genera esta ciudad.

 

10 julio, 2013

EL TORREÓN DE LA PLAZA DE LA CHARCA

En nuestra ciudad siempre hay lugares que se escapan de las guías turísticas, de los que no se dispone de demasiada información, que aparecen casi sin esperarlos, pero que siempre sirven para marcar el paisaje y las calles de nuestra ciudad, para que el paseante sin rumbo encuentre un motivo más para dar por bueno su discurrir por la Granada de infinitos rincones.
 

Muy cerca de la conocida Plaza de San Nicolás y aislado del resto de tramos de la muralla que rodeaba la Alcazaba Cadima del Albaicín, se encuentra este torreón, que se encuentra justo al lado de la Plaza de la Charca. Para llegar a él, bien se coge la calle de la Charca, que bordea el Centro de Salud del Albaicín (desde su patio también se puede apreciar), bien por la escalera que aparece en la fotografía, por la que se sube desde la Plaza de la Charca, a la espalda de la Colegiata del Salvador. Nos encontramos en lo que es la zona más antigua de Granada, como así han demostrado excavaciones como las realizadas para la construcción de la mezquita del Albaicín,  con restos no sólo árabes, sino también de tramos de murallas íberas y romanas,  que dan idea de la importancia de este lugar estratégico en alto para formar el inicial núcleo urbano de Granada.


El torreón destaca, más por que por su importancia artística, por ser un hito aislado de una muralla que en otros lugares, como el que discurre junto a la Cuesta de la Alhacaba, se conservan mejor. Su forma en cubo aumenta el carácter defensivo de lo que fue la muralla zirí; una muralla casi inexpugnable para la época que  fue construida sobre otros tramos de civilizaciones anteriores. El conjunto de la muralla zirí es de los bienes monumentales más antiguos que de la época árabe se conservan en nuestra ciudad, y por eso merece toda ella una intervención rápida para su recuperación en todos los tramos que se conservan, incluidos torreones como el de la Plaza de la Charca, que aparecen de súbito cuando uno se pierde por las calles del Albaicín; un barrio que siempre nos da sorpresas a los que andamos en busca de cualquier indicio de nuestro largo pasado.


15 febrero, 2012

LA MURALLA ALBERZANA

De todos los tramos de muralla árabe que quedan en Granada, quizás uno de los más desconocidos para los habitantes de esta ciudad sea la llamada Muralla de la Alberzana", del siglo XIV y  que discurre a lo largo del segundo tramo de la Cuesta de San Antonio, que acaba y termina en la Carretera de Murcia, antes y después de que esta antigua carretera pase junto al Albaicín en una de sus habituales revueltas. Su nombre viene dado por la cercanía al callejón del mismo nombre que a su vez se deriva de una casa que había en él que tenía un jardín de naranjos, que en arábigo se dice "albeztana". Hasta hace unos pocos años este trozo de muralla y el trozo de la Cuesta de San Antonio que junto a ella discurre permanecieron prácticamente olvidados por la sociedad granadina. Sobre los años 2006-2007 se empieza a hablar de un proyecto de recuperación del lienzo de muralla y de su entorno, hablándose entre otras cosas de la creación de un parque arqueológico-paseo que incluía juegos de agua en los restos de las albercas árabes y jardines que evocaran las huertas islámicas. El proyecto, impulsado por la Fundación Albaicín y financiado con fondos europeos, al final se quedó en menos de lo que se proponía, como casi siempre pasa en esta ciudad.

Empezamos el recorrido por su parte más baja, justo donde la Cuesta de San Antonio se cruza con la Carretera de Murcia. Una ligera arboleda, ahora deshojada por el invierno, intenta separar el entorno de la muralla del moderno paisaje del horizonte. A la izquierda de la imagen vemos los lienzos de la muralla, de la que hace poco se descubrió que fue revestida con polvo de huesos que se quemaban en un horno para añadirlos a la pátina de la muralla, junto con carbonato cálcico, cuarzo y materiales del entorno, según un estudio que en el 2008 realizó un equipo del departamento de Mineralogía de la Universidad de Granada, dirigido por la investigadora Carolina Cardell.

En un recodo existente junto a las escuelas del Ave María, nos encontramos con la Puerta de San Lorenzo, que se construyó a finales del siglo XIV o principios del XV, algo después de la construcción de la muralla, pues se les había olvidado crear un paso entre la puerta de Fajalauza y la de Elvira a lo largo de 1,5 kms, lo que defensivamente no tenía mucho sentido. Servía para comunicar la colina de San Cristóbal o barrio de la Xarea con el Camino de San Antonio y fue dada por desaparecida a principios del siglo XX hasta que se redescubrió en 1983. Como se ve, la puerta se abre en el interior de una torre y su originalidad radica en que su acceso no es directo, sino que los vanos se abren uno hacia el Norte (el que vemos aquí) mientras que el interior se abre hacia el Este.   


Tras el primer tramo del paseo, se abre otro más ancho y más cuidado en su tratamiento, en el que vemos la diferencia entre la franja contigua a la muralla, que queda libre de vegetación para así dejar el lienzo libre de vistas, y los bordes más cercanos a las edificaciones en el que se han colocado algunos elementos vegetales, en parte para mantener y reforzar la intimidad de las viviendas.



Conforme nos vamos acercando de nuevo a la Carretera de Murcia, en la zona más alta del lienzo, el paisaje se va tornando algo más descuidado. Aquí se valló el entorno de la muralla para poder realizar algunas excavaciones arqueológicas que dieran mayor sentido a lo que se quería denominar como paseo arqueológico. El caso es que como pasa tantas veces en esta ciudad, las disputas de este alcalde con la Junta han dejado el proyecto a medio hacer; incluso las vallas protectoras han sido arrancadas en algunos de sus tramos, provocando entre otras cosas que algunos insconcientes se dediquen de vez en cuando a hacer motocross prácticamente encima de las excavaciones.
Aquí vemos una apertura hecha a "hacha y martillo" para comunicar el aparcamiento que se ha creado junto a los Cármenes de la Alberzana y la Carretera de Murcia con la urbanización que discurre junto a la Cuesta de San Antonio y hacia el callejón de Tallacarne, en el entorno del Instituto Albaicin y la Residencia de La Salle.

En la zona aparecen sin ninguna protección, arrancadas en parte las vallas, excavaciones correpondientes a albercas árabes, a los antiguos Conventos de San Antonio y San Diego o incluso a algunos restos romanos.

Entre las aperturas superiores que las murallas (quizás, y hablo desde mi más absoluta ignorancia, abiertas para oxigenar las paredes adosadas de esos antiguos conventos) podemos observar, como casi siempre pasa en Granada, alguna vista curiosa, alguna lámina de la Sierra o alguna torre de iglesia, como en este caso ocurre con la parte superior de la torre de la iglesia de San Cristóbal justo detrás de las Escuelas del Ave María de San Cristóbal.

Así llegamos al final de la muralla, donde el paseo se vuelve algo más estrecho para culminar en la parte alta de la Carretera de Murcia. Es de esperar que algún día, cuando nuestros políticos dejen de usar nuestra Granada para sus intereses particulares o de partido (de todos los colores hay, pero para ser justos, en esto se lleva la palma nuestra nunca poco criticado alcalde), el parque arqueológico de las murallas de la Alberzana se culmine lo más parecido al proyecto original y suponga un aliciente más tanto para residentes como para visitantes, a los que hay que motivar cada vez más con nuevos lugares para que aumenten sus noches de pernoctación.

Una vez cruzada la Carretera de Murcia, la muralla prosigue hacia culminar en la Ermita de San Miguel para luego bajar hacia el Darro en lo que se conoce como Cerca de don Gonzalo. Poco después de cruzar la carretera nos encontramos con una de las puertas árabes que nos quedan en Granada. Se trata de la puerta de Fajalauza ("campo de los almendros"), que se abría al exterior al barrio de los Alfareros en el camino natural hacia Guadix. Destaca por su pasillo interior algo más largo de lo normal y cubierto de una bóveda apuntada.

29 enero, 2012

LA CASA DE LOS VARGAS Y SU ENTORNO

http://www.bing.com/maps/?v=2&cp=q5whypgpzxcr&lvl=18.65&dir=176.45&sty=b&form=LMLTCC

Visitamos hoy una de las zonas más abandonadas de nuestro centro histórico (pulsar en el enlace superior para verla en conjunto). El entorno de la Casa de los Vargas se encuentra rodeado de edificios abandonados a su suerte, basura, pintadas, aparcamientos discutibles y una cierta inseguridad nocturna, todo ello a escasos metros de la catedral de Granada y de la zona comercial de la ciudad. La Casa de los Vargas se integra en una manzana bastante amplia que en el año 2007 era objeto de un proyecto urbanístico que concebía al palacio como un hotel de cuatro estrellas al que se añadirían otros doce edificios colindante para concebir un nuevo conjunto hotelero, con aparcamiento de 40 plazas incluido, que trataría de mejorar la imagen urbana de la calle Horno de Marina, todo con la idea de crear una parcela de predominante uso turístico, toda vez que a las espaldas del palacio se ha de acabar algún día el Centro García Lorca en la Romanilla. El proyecto se complicó cuando el Consejo Consultivo de Andalucía paralizó el proyecto en el año 2008 hasta que no se reformularan los aprovechamientos urbanísticos que la operación requería conforme a la ley. Desde entonces, entre la total ineptitud de un equipo municipal, más preocupado de absurdos ascensores o de pelearse con otras administraciones, y el recrudecimiento de la crisis económica, nada se ha puesto en marcha, poniendo en peligro la conservacion de un palacio que es considerado Bien de Interés Cultural.

Este es el penoso aspecto que presenta en la actualidad la calle Horno de Marina, llamada así seguramente por el nombre de la propietaria del horno que en ella hubiera.

La Casa de los Vargas (antiguamente llamado de los Salazar) es un buen ejemplo de arquitectura señorial granadina de mediados del siglo XVI, aunque fue bastante transformado en el siglo XVII. Su portada, con arco campanel y almohadillado de piedra, es del año 1626. De su interior destacan elementos como la cúpula de su escalera principal, la armadura que cubre el salón principal, el patio peristilado y un amplio jardín posterior. Sobre la portada aparece un cartel que hablaba de la "próxima apertura" de un hotel de cuatro estrellas. A la derecha, un ejemplo de la rejería de forja que guarda sus ventanas. En la segunda fotografía se puede observar mejor la fachada de fábrica de ladrillo, así como la bella galería de arcos de medio punto que culmina la fachada de una manera muy peculiar.


Esta fachada corresponde a un añadido de la Casa de los Vargas, de menor altura, que presenta un estado bastante más lamentable y cuyo interior se encuentra totalmente destrozado. En la fachada destaca la extraordinaria fábrica de ladrillo, la forja de las ventanas y el escudo nobiliario que aparece entre ellas.

Abandonamos un momento la calle Horno de Marina para acercarnos a una de sus bocacalles: el callejón de Castillejos, que tras este largo pasillo hace un par de dobleces para desembocar en la plaza de Castillejos primero y a San Jerónimo después. En esta calle se han rehabilitado bastantes edificios para crear apartamentos de alquiler, aunque su aspecto es generalmente bastante solitario, muy distante de cuando en ella habitaban muchas familias de los mercados cercanos junto con su abundante chiquillería, que convertían el callejón casi en un patio de vecinos. En la foto diurna, más ampliada, podemos observar el contraste entre los nuevos edificios, de ventanas totalmente simples, con la maltrecha y antigua fachada que cierra la vista de la calle y en la que se puede observar cosas como la policromía del tejadillo que cubre la ventana inferior.


Ya de nuevo en la calle Horno de Marina, justo a la salida del callejón de Castillejos, vemos algunas de las operaciones de reconstrucción, aunque realizadas con distintos puntos de vista. La que aparece de frente ha mantenido en gran medida la estructura originaria de la fachada de ladrillo, con la portada de piedra almohadillada y balcones con cierto encanto. A la izquierda una fachada con menos encanto, totalmente nueva, que forma parte de otra operación urbanística (esta vez no hotelera, sino residencial) que intenta regenerar una zona donde se quiere abrir la comunicacion entre las calles Málaga y San Jerónimo, hasta ahora taponada. Además de todo esto, si nos fijamos en la portada que aparece en la esquina inferior izquierda de la fotografía y que permanece a duras penas tras la destrucción de todo el resto del edificio, observamos un escudo nobiliario bastante gastado, en este caso de los Roncal.

Y ahora una muestra más, si cabe mucho más contundente de la falta de control y de dejación de sus funciones del actual equipo municipal de gobierno, aún más hirientes cuando vivimos en una ciudad tan monumental como turística. Este es el estado en que se encuentra el solar aledaño a la Casa de los Vargas, cuya pared lateral aparece rodeada de basuras y escombros sin que ninguno de los responsables municipales se inmute.

Dejamos la calle Horno de Marina para centrarnos ahora en la calle Lucena, eso sí, sin abandonar la manzana donde se inscribe el BIC de la Casa de los Vargas. Vemos aquí un ejemplo de esas antiguas pensiones o casas de huéspedes que permanecen en centro de la ciudad para alojar a los transeúntes o residentes fijos con la economía más modesta, esos que a pesar de tanta operación urbanística, también tienen derecho a vivir y a alojarse. Justo encima de la puerta de entrada aparece una deslucida placa que nos recuerda que en este mismo lugar estuvo el primer hospital creado en nuestra ciudad por San Juan de Díos en 1539. A la derecha, un vetusto portón de madera tiene la originalidad de ofrecer mediante escritos a tiza tanto reclamos comerciales ("se vende banco y herramientas de carpintero y algunas cosillas más") o reflexiones filosóficas ("son infinitos el Universo y la estupidez humana").

Y finalmente entramos aquí en uno de los callejones más ocultos de nuestra ciudad. A la derecha de la pensión Pórtugos y hacia la mitad de la calle Lucena se abre el Callejón de Lucena. Nos encontramos con uno de los más estrechos callejones de nuestra ciudad, que antiguamente daba entrada a un pequeño barrio casi cerrado al resto de la urbe, pues al final de la parte que vemos, justo detrás de donde vemos la verja, el callejón se abría en dos para seguir distintos caminos que volvían a encontrarse después de rodear una manzana totalmente rodeada por el callejón. Como ocurría con el callejón de Castillejos, el callejón de Lucena tenía hace unas décadas un ambiente totalmente humano, de amplias familias humildes que fueron abandonando el lugar en busca de mejores condiciones de habitabilidad. Vemos en la segunda fotografía como los aleros de las casas casi se tocan, impidiendo que el sol penetre en el callejón en ningún momento del año.


.Al otro lado de la verja que cierra el primer tramo del callejón de Lucena, podemos observar este penoso paisaje urbano, como digo, a pocos metros de la catedral granadina. Una descristalada farola con la típica forja granadina es lo único que nos hace pensar que estamos en el centro de Granada y no en Sarajevo después de los bombardeos. Es de suponer que algún día, cuando los políticos granadinos sean más sensatos y la crisis acabe, esta zona de Granada merezca también la atención de las instituciones y de los propios granadinos.