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03 noviembre, 2011

"HITOS" DEL PAISAJE GRANADINO

Aunque el significado de hito geográfico es otro (se refiere más bien a las señales fijas que indican un  punto determinado), de forma menos estricta y más genérica se puede emplear para referirnos a aquellos elementos fijos del paisaje que son puntos de referencia en el entorno en el que están inmersos. Estos "hitos" pueden ser bien naturales o bien construidos por la mano del hombre, pero siempre aparecen como elementos que nos ayudan a controlar el espacio cuando lo apreciamos desde cualquiera de nuestros miradores granadinos. Son, en definitiva, puntos de referencia que dejan una clara huella en la conformación del paisaje granadino, que nos ayudan a entenderlo y por tanto a apreciarlo. La geografía y la historia de nuestra ciudad hace que estos "hitos" sean muy numerosos; he aquí sólo unos cuantos.

Quizás uno de los más modernos "hitos" del paisaje granadino sea la Torre de San Lázaro, que sobresale de una manera radical sobre el caserío (no demasiado bajo, por cierto) de esta zona de la ciudad. La Torre Atalaya San Lázaro (este es su nombre completo) tiene 57,66 metros de altura distribuidos en 19 plantas y fue construida en el año 2003 dentro del plan de reforma del Barrio de San Lázaro, que cambió totalmente su aspecto tras el derribo de todas las casas antiguas que conformaban el barrio tradicional. Ahora es un barrio algo impersonal en el que destaca esta Torre que se ha convertido en una referencia del paisaje granadino cuando se mira hacia el Norte de la ciudad.

En esta foto podemos apreciar dos "hitos" granadinos de distintas épocas que compiten entre sí por dominar el espacio de la ciudad. En primer plano la imponente torre de la Catedral de Granada, a la que ya dediqué otra entrada, y que se puede observar prácticamente desde cualquier punto de la ciudad. Justo detrás, el Cubo que alberga la sede de Caja Granada, una maravilla arquitectónica de esta ciudad (algo que se aprecia sobre todo desde su interior) y cuya altura es la misma que la de la Catedral Granadina. Son dos cubos, uno con varios siglos aportando su carácter a la ciudad, y otro con apenas una decena de años, pero  donde ambos sirven para marcar el espacio que les rodea. 

No podía faltar cuando hablamos de "hitos" de nuestra ciudad quizás el más conocido y reconocido por lugareños y visitantes. Es la Torre de la Vela que, como la Torre de la Catedral,  se puede observar desde cualquier rincón y esquina de nuestra Granada. En esta perspectiva tomada desde la parte más alta del Carmen de los Mártires podemos apreciarla como la proa de la colina de la Alhambra, abierta hacia la ciudad y a la Vega (o lo que queda de ella), a la que servía tiempo ha para controlar los horarios de los riegos. Así que además de un punto de referencia visual, también ha sido a lo largo de la historia un punto de referencia sonoro. 

Pero como hemos dicho, también nos encontramos con referencias paisajísticas que ya estaban ahí antes de que el hombre comenzara a modelar el paisaje. Una de las más cercanas a la ciudad es la que representa el llamado Monte Sombrero, nombre dado por esa curiosa forma de sombrero de ala ancha. Alrededor de él y sobre él discurre la antigua Carretera de Murcia, que ahora sirve fundamentalmente para la conexión de El Fargue. Este cerro forma parte de un primer nivel de erosión de los materiales que colmataron la Depresión de Granada  y tiene una altura aproximadamente de unos 800 metros, unos 150 más que la colina del Albayzín. Desde allí podemos disponer de una amplia y extensa panorámica de la moderna e intensa expansión de la ciudad hacia el Norte. Como curiosidad, comentar que el Monte Sombrero es nombrado en la canción "Boadbil el Chico" del disco "El año del cometa" del granadino Miguel Ríos. En concreto, dice la estrofa: "Aún recuerdo Granada/ en la bruma de mi niñez,/yo era Boabdil jugando a perder/ en el monte Sombrero,/que está junto al Albaicín,/al atardecer lloraba por ti".

Hacia la Vega, nos encontramos con dos "hitos" en el relieve granadino que se ocupa de cerrar la Vega. Por un lado tenemos el Monte Vives, que ha ido perfilando su figura a lo largo de las últimas décadas por las minas de estroncio que han horadado el montículo. Situado junto a Las Gabias, y con una altura de unos 960 metros, el Monte Vives tiene una larga tradición, no sólo minera, sino también santera, pues según cuenta la leyenda cuenta que allí estuvo San Rogelio como ermitaño. 
Hacia el Norte la Vega la cierra Sierra Elvira, con ese perfil tan característico de sus cumbres jorobadas. Allí comparten el espacio torreones de vigilancia árabes, restos de antiguas de ciudades, piscinas termales, ermitas y restaurantes. Sus cumbres oscilan entre los 800 y los 1100 metros y su naturaleza fundamentalmente kárstica hace que abunden las fracturas y las fallas, origen tanto de las aguas termales como de los terremotos que muchas veces se producen cerca de ella. 
Tanto Monte Vives como Sierra Elvira funcionan a efectos paisajísticos como puntos de referencia en la Vega de Granada, pues son las dos principales alturas que aparecen en la depresión del Genil. 

Hacia el lado contrario, la referencia más clara del paisaje granadino sin duda alguna es la de Sierra Nevada, en especial la de sus altas cumbres, y entre ellas la peculiar figura del Veleta. Pero aparte de éstas,de las que hay abundantes fotos incluidas las que se han puesto en este blog, existen otras montañas que forman parte del cinturón kárstico que rodea a las altas cumbres de Sierra Nevada, menos abruptas y más redondeadas que montes como el Cerro Huenes o la cuerda de los Alayos, que por sus materiales calizos tienen un paisaje de pendientes más acusadas. La gran masa redondeada del Cerro Huenes contrasta con los picos espigados de los Alayos, y cuando las nubes encapotan las cumbres más altas, estos dos relieves se presentan como los eternos cierres del paisaje granadino por el Sur.