Translate

15 junio, 2011

LA PLAZA DE LOS LOBOS

La plaza de los Lobos es una de las tranquilas plazas que saltean el plano del centro de la ciudad; una plaza sin especial importancia ni interés (comparada con el imponente patrimonio granadino), pero por eso mismo la hace ser una plaza netamente granadina, tranquila y recoleta y que, a poco que indagemos, siempre ofrece alguna sorpresa que nos hace recordar que aún la plaza más sencilla de nuestro centro histórico tiene algún interés para los ojos que la recorren. Para empezar, la curiosidad de su nombre, debido a que había en la plaza, cuando aún los lobos correteaban por la Sierra, una casa en la que se entregaban los lobos cazados, a cuenta de cuatro ducados por pieza. La plaza se incluye dentro de un barrio renacentista de plano cuadriculado, cercano a la calle Duquesa y que fue formando un barrio aristrocrático cercano a la Vega y al recién construido Monasterio de San Jerónimo. Y particularmente, es una plaza de recuerdos infantiles cuando iba a visitar a mi abuela en la calle Montalbán, e iba a un horno que había en la misma plaza y en el que mi abuela llevaba a hornar los dulces y mantecados que hacía para las navidades. La plaza, mucho más tranquila desde que se fue de ella la Jefatura Provincial de Policía, es otro de los rincones que los granadinos pueden disfrutar aunque sea pasando de largo por ella o para descansar en alguno de sus bancos.

La Plaza de los Lobos, en la que destacan los platanos de sombra entre las demás especies, tiene, en el centro de sus breves parterres, una fuente que casi siempre pillo apagada, poco vistosa pero que cuando funciona sirve para refrigerar el lugar en los tórridos veranos; una fuente que fue realizada en la reforma de 1972 y que tuvo cierta polémica porque se ubicaba donde antes había un parque infantil. Como curiosidad final, comentar que los jardines fueron cercados, además de por marmolillos, por gruesas cadenas de barco traídas de Vigo.

Entre otras construcciones sin mucho interés, destacan en la plaza dos edificios. El primero es el que lleva el nº 12. Se trata de un hospital de finales del siglo XVI, remodelado en la segunda mitad del XVIII. Hace esquina a la calle Misericordia, y destaca por la portada de piedra de Sierra Elvira y otra, más pequeña a su derecha, con arco de medio punto que da paso al oratorio de la Misericordia. Exteriormente, la fachada presenta una interesante juego de vanos, aunque por dentro el edificio ha sufrido algunas modificaciones para adaptarlo a sus actuales usos por parte de varias asociaciones religiosas.
                           

La otra casa que refleja aún el pasado noble de la Plaza de los Lobos es la que tiene el número 6. Por dentro ha sido totalmente reformada hace poco tiempo, adaptándola para nuevos pisos y apartamentos, pero ha conseguido mantener un ancho patio, representante de una forma de vivir en Granada en la que los patios internos, al igual que en la casa árabe, conformaban la base de la vida cotidiana en un ambiente de paz y belleza. Fuentes, macetas, columnas, zapatas y el inevitable pilar de piedra son los elementos que hasta no hace mucho conservaban muchos edificios unifamiliares o de vecinos del centro de Granada, y que han ido desapareciendo poco a poco.
                           

La fachada de la casa no es la original, sino que es la que se diseñó en la reforma del siglo XIX, lo que se nota en su juego de ventanas balcones, destacando los típicos balcones cerrados y con un bello y ligero chaflán en su estructura de madera.

Pero si nos fijamos un poco más, a la izquierda de la portada, observamos una placa ya gastada por el tiempo en la que leemos: "Combate del Callao, 2 de mayo de 1866" y que hace relación al combate que una escuadra española realizó contra las defensas del puerto del Callao, en el Perú. Datos históricos aparte, lo que interesa de esta placa, y el por qué está aquí, es que en dicha batalla murieron dos guardarmarinas granadinos: Rull y Godínez. De hecho, la plaza tuvo este nombre a finales del siglo XIX, pero la insistencia popular, que siempre la llamó de los Lobos, hizo que de estos dos desafortunados solo quedara el recuerdo en la placa.

Aquí vemos la parte posterior del Monasterio de la Piedad, del siglo XVI, uno de lo monasterios más sencillos y desconocidos (por su clausura) de todos los que hay en Granada. Los muros separan lo que es el huerto del monasterio de la Plaza de los Lobos, que en el siglo XIX, durante la desamortización, se amplió a costa del huerto conventual. Siempre que veo las ventanas cerradas de un convento o monasterio, pienso en los ambientes vitales tan distintos que nos podemos encontrar con tan solo una pared de por medio. Suerte para el recogimiento de las monjas que la plaza de la que nos ocupamos hoy no es especialmente bulliciosa.

En esta foto de la calle Málaga, junto a la esquina con la plaza de los Lobos, además de coches y una multitud de motos aparcadas, podemos observar la curva que hacía el tranvía de la línea que comunicaba el final de la calle de San Antón con el Triunfo a través del centro de la ciudad. En este lugar, en el que el tranvía cogía la curva para pasar de la calle Fábrica Vieja a la de Málaga (o viceversa) se han mantenido las vías como recuerdo de aquel popular medio de transporte, que aquí también, superada la curva, tenía un ramal de doble vía en la que se cruzaban los vagones, que en resto del trazado iban por vía única.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado el tratamiento que le da a la plaza, sencillo, austero pero muy acertado. Define un rincón granadino un tanto desconocido. Hoy día un tanto estropeado, aunque el ayuntamiento dedica un buen pellizco a la limpieza, pero el hecho de que allí se instalen a diario los mendigos (los mismos siempre, no son transeúntes) tienen la plaza un poco sucia por sus defecaciones y las horribles pintadas.

Anónimo dijo...

Teniendo en cuenta que justo detrás está la facultad de derecho, dudo que las pintadas sean de los mendigos. Los pobres que no tienen donde guarecerse no van a comprar un spray para pintar paredes...

pablo riverorodriguez dijo...

EN VERDAD, UNA RECONDITA Y ROMANTICA PLAZA, a la que el ruido del agua le ha aportado "un algo sin igual". Pienso que solo le falta un poco mas de cuidado y de vigilancia por las noches, ya que hay personas que confunden los derechos con "pertenencias propias", y no debieran olvidar que convivimos con personas, que al igual que queremos derechos, TENEMOS OBLIGACIONES.