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19 septiembre, 2011

EL BARRIO DE LA VIRGEN

La confluencia entre los ríos Darro y Genil constituyó en el siglo XVII una de las zonas de expansión de la Ciudad, tanto en torno a la conocida por entonces "Carrera Vieja" como por la calle San Antón. A la izquierda de la Carrera, donde se construyó como hito religioso la Iglesia de la Virgen de las Angustias, surgió el barrio conocido como el de los "monjes de Santa Cruz", llamado así por ocupar los terrenos que habían sido antes huertas de los dominicos del cercano Convento de Santa Cruz la Real, que pidieron los permisos correspondientes para saltar las murallas de la ciudad y sacar unas rentas con la construcción de viviendas donde antes cultivaban hortalizas. Por eso, muchas de sus calles llevan nombres de santos dominicos o sobre la orden.  Nos encontramos con un barrio trazado a cordel, con disposición ortogonal y manzanas cuadrangulares, muy parecido a otros de la misma epoca como el de la Plaza de los Lobos o barrio de Gracia. Pese a la continua renovación de las viviendas, el barrio conserva un ambiente particular, al que contribuyen el mantenimiento del trazado cuadrangular, una cierta conservación en las fachadas de estilos históricos o la tranquilidad de ser un barrio no excesivamente transitado. En todo caso, siempre merece un paseo para descubrir algunos de sus tesoros ocultos.

Curiosa es esta casa de la calle San Pedro Mártir, pues es casi la única que hay en el barrio de sólo dos plantas. A pesar de que en los datos del Catastro (los datos del Catastro los doy con mucha cautela, pues pueden indicar reconstrucciones interiores de la vivienda y no de la fachada) data de 1940, destaca por su gran sencillez, más cercana a las casas de pueblo de la Vega, aunque por aquella época se situaba prácticamente en el límite de la ciudad y de las huertas que comenzaban al otro lado del río Genil. En todo caso, esta fachada mantiene en su sencilla geometría una interesante atracción a la vista.


Algo más esplendoroso es este edificio de la misma calle S. Pedro Mártir, esquina a calle Castañeda y que alberga en su bajo un conocido bar. Data en en el Catastro del año 1930, y presenta una agradable fachada de mezcla de estilos historicista y regional, con molduras sobre los balcones principales que dan agilidad al conjunto, como también lo hace el alero que surge sobre la esquina del primer piso. Fachada original, a la que también da vista las plantas que adornan los balcones.


La calle Ancha de la Virgen es la principal del barrio, al que corta transversalmente, siendo el principal eje de comunicación entre el Realejo y la Carrera del Genil. Es por esto que encontramos en ella las casas más nobles e interesantes del barrio. En concreto ésta, en el número 5, que ha sido recientemente restaurada y que presenta un precioso aire modernista, incluso diría art-decó, a pesar de no ser un experto en estilos arquitectónicos. Destaca en la fachada sus balcones rematados con molduras y enmarcados en unos conseguidos bajorelieves de motivos florales. También destaca el balcón de galería de la primera parte, con excelentes trabajos tanto en piedra como en madera, así como la terraza superior, que como el resto de balconadas, presenta unos bellos cerramientos acorde al estilo del edificio.




En la misma calle nos encontramos con este edificio levantado en torno al 1800, aunque renovado varias veces, la última de ellas, como se observa, muy recientemente. Es un edificio en esquina que destaca en principio por su portada central de piedra, sobre la que vemos una cornisa moldurada. Aparte del juego entre sus balcones volados y los tragaluces esféricos, la originalidad de la fachada se la dan las sencillas líneas horizontales que cortan la fachada en estrechos segmentos. Por fortuna, como en el caso anterior, las necesarias rehabilitaciones de los edificios no tiene por qué conllevar la destrucción de las antiguas fachadas.


En estos lateral de una manzana de la calle Ancha de la Virgen, podemos observar una bella perspectiva de la interesante conservación, en general, de las líneas históricas en las fachadas de la calle, y por ende, en su percepción urbana por el paseante. Son dos edificios fechados en torno a los años 30, y que consiguen, en su sencillez arquitectónica, dar al entorno una percepción de calidez y buen gusto.

En la calle Ancha de la Virgen, en el número 25, se repite un poco el modelo arquitéctónico modernista que habíamos visto en el número 5. Aunque en este caso, se trata de un edificio de mayor altura (tres plantas) y con mayor mezcla de elementos y estilos, como ocurre con los balcones cerrados que cierran la esquina por la parte de su fachada principal. Los almohadillados de la planta baja y de la esquina, así como los adornos de la fachada a modo estarcido, además de las conseguidas molduras sobre balcones, ventanas y puerta principal, dan al edificio un aspecto original, al que sin duda contribuye también la irregularidad de la distribución de sus vanos en la doble fachada.



Es al final de la calle Ancha de Gracia donde nos encontramos con el que quizás puede ser el edificio más interesante de todo el barrio. Sería muy costoso para este humilde bloguero comentar todos los elementos arquitectónicos que se muestran en este impresionante edificio del siglo XIX (basta sobre todo tener la suficiente sensibilidad para gozar con ellos), pero por destacar algunos haría hincapié en el majestuoso juego de vanos de los tres pisos al que se añade un esbelto torreón que se abre hacia el Cuarto Real de Santo Domingo; también los dos balcones y la ventana de la primera planta, con grandes labores tanto en piedra como en forja, con numerosas y detallistas decoraciones fantásticas, vegetales y animales. En la esquina con la calle Enriqueta Lozano destaca una terraza abalconada en piedra, y sobre ella, justo haciendo esquina, un cierre acristalado con baranda y carpintería de madera en el que podemos encontrarnos con una grácil columna de mármol balnco, así como un extraordinario trabajo de talla en las zapatas y en el alicer que se sitúa sobre ellas. Finalmente, destacar la magnífica ventana enrejada en la que sobresale el águila bicéfala en la que se se enmarca la leyenda "constatia et labore".




Sin la monumentalidad del edifcio anterior, pero con su peculiar encanto, nos encontramos con este edificio en esquina de la calle Concepción, 18 y cuyo balcón recuerda bastante a los que de estilo modernista aparecen en numerosos edificios de la Gran Vía granadina y en el que destaba un impresionante trabajo de tallado en la piedra, y que rompen la monotonía de la, en general, sencilla fachada.  

Finalmente, pongo varios ejemplos de edificios construidos en décadas más recientes y que pueden ser una muestra de los distintos periodos por los que ha pasado el urbanismo y la arquitectura granadina en los tiempos más cercanos. Para empezar, una casa de la calle Nicuesa, construida en 1950 y decorada con un espeso color granate que combina bien con los tonos oscuros de la puerta, las persianas y de las curiosas molduras de piedra que sustentan los balcones. Sencilla casa de los años 50, en la que aún se intentaban mantener algunas normas que dieran un encanto particular a las fachadas, pero sin desentonar del todo con el entorno en que se situaban.

A continuación el edificio de la calle Concepción 22, del año 1960, presenta una menor respeto por mantener una línea de fachadas. Introduce el ladrillo visto y además los balcones cerrados lo son por un trabajo mucho menos artístico y más industrial que el que hemos visto antes. Son los años del desarrollismo puro y duro y el que contaba sobre todo la rapidez y beneficio de la construcción y no su integración en el entorno.

Finalmente, el de la calle Concepción número 9, de fecha muy reciente, nos habla, como el del al lado, de un período en el que se intenta sobre todo no introducir elementos distorsionantes en el entorno, pero tampoco añadir ningún elemento decorativo por simple economía constructiva.  No causan impacto, pero al menos tampoco distorsionan la fisonomía del barrio.


Finalmente, un apunte sobre las farolas del barrio. Son distintas a la mayoría de los barrios de Granada, pero por eso mismo son más interesantes. Destaca en ellas el trabajo de forja  que soporta el farol que lanza la luz directamente hacia el suelo. Así que tanto de día como de noche tiene interés el pasear por un barrio tan cercano como tan poco transitado por el granadino y visitante.