Translate

21 agosto, 2013

LA LADERA IZQUIERDA DEL DARRO: LA DEHESA DEL GENERALIFE

Una reciente y desagradable noticia ha llevado a las primeras páginas de los diarios y de los medios y redes digitales una de las zonas más interesantes de nuestra ciudad. Interesante sobre todo por lo que supone como valor paisajístico y ecológico para un espacio que sirve de transición entre lo urbano y lo rural, un contacto a veces difícil de conseguir de forma adecuada, como se puede comprobar en la delimitación brutal que la ciudad hizo con su Vega a través de los bloques de viviendas del Camino de Ronda. Aquí, sin embargo, y salvo que el alcalde se empeñe en su intención de cerrar la Circunvalación por el Este destrozando lo que es la zona ambiental más valiosa de nuestro municipio (sólo el desconocimiento que tienen muchos ciudadanos de ella puede llevar a defender tal propuesta), el contacto entre lo rural y lo urbano está conseguido de forma plácida y natural, lo que se puede comprobar fácilmente cuando uno abandona la ciudad por el Camino de la Fuente del Avellano y se va adentrando en el valle de Valparaiso.
 
La ladera izquierda del río Darro, la opuesta al Sacromonte, da muestras ya de lo que es su impresionante vegetación (al menos, en algunos tramos) desde el último puente del Darro, el que comunica con el camino del Avellano y la Cuesta de los Chinos, en lo que era el inicio del antiguo camino de Guadix.   

Y es que el tramo de la ladera que se situa justo debajo del Generalife es quizás el más cuidado pues, por su cercanía al monumento, está permanentemente irrigado para evitar que situaciones como las recientemente acontecidas afecten a las zonas más delicadas.

Si uno se adentra por los pequeños senderos que están justo debajo del Generalife puede observar tanto los numerosos aspersores que riegan cuando se estima conveniente toda la zona, como la frondosa vegetación de encinas y quejigos que es la vegetación natural de esta ladera.


Desde los estrechos caminos que transcurren por la ladera se ven perspectivas increibles de la ciudad, como esta en la que cielo, Alhambra y Albaicín se unen en un punto central en el que emerge la Catedral de Granada.

En la zona de contacto entre el curso fluvial del Darro y las pendientes más abruptas discurre el Camino de la Fuente del Avellano, un precioso paseo que a veces se ve maltratado por algunas personas que, malviviendo en algunas cuevas del entorno, no tienen el más mínimo interés en su cuidado, lo que a veces provoca algunos acontecimientos indeseables, tales como acumulación de basuras o incendios. Como creo que se observa en la fotografía, el paisaje es demasiado valioso como para jugar con él. La práctica totalidad de la ladera, salvo las zonas más bajas, es de propiedad del Patronato de la Alhambra, aunque de manera concertada con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, quien debería ir pensando en un acondicionamiento integral de toda la ladera, especialmente de su parte más baja, tanto para protegerla como para hacerla más accesible a la gente que quiera disfrutar de los paseos sin problemas.


Aquí observamos la ladera desde el Cerro de San Miguel. Gran parte de ella, como se ve, perdió su vegetación natural en algunos incendios acontecidos en las últimas décadas, devolviendo prácticamente la zona a la imagen pelona de vegetación que presentaba en el siglo XIX. En principio, esta ladera (que puede considerarse la de umbría por estar orientada hacia el Norte, frente a la solana del Sacromonte y demás barrancos de la ladera derecha) presenta un régimen microclimático de mayor humedad y menor temperatura media debido al ángulo de insolación y un número menor de horas y radiaciones solares. Como se señala en la conferencia de José Manuel García Aguilar "Geolegía del Valle del Darro", insertada en el recomendable libro "Hacia un paisaje cultural: La Alhambra y el Valle del Darro", publicado por el Patronato de la Alhambra, dicho régimen microclimático "genera una secuencia causa-efecto encadenada que desemboca en una mayor humedad y un mayor desarrollo vegetal, lo que forma y protege el suelo favoreciendo la infiltración y una escorrentía laminar, incluso en zonas de altas pendientes. Este efecto explicaría la escasez de cauces y los bajos índices de erosión vertical en esta ladera". Todo lo cual, no es óbice para que cuando hay incendios de grandes proporciones, estas teorías no puedan cumplirse del todo, aunque bien es verdad que la erosión de la ladera, después de los incendios sufridos, podría haber sido muy superior si hubiera estado situada en la solana del valle.

Ahora muestro dos perspectivas casi idénticas de la parte más despejada de la ladera, vista desde el Camino del Sacromonte. La vegetación fluvial del fondo del valle es impresionante en cualquier época del año, aunque con mayor rotundidad en primavera (la primera foto) y verano (la segunda). Aunque las dos fotos tienen bastantes semejanzas, en la segunda podemos apreciar los restos dejados por el incendio acontecido tres días antes de realizarse esta entrada. Con un simple vistazo de la zona afectada y del entorno, se puede apreciar el gran destrozo que podría haberse generado con tan sólo una noche de fuerte viento.

Aquí vemos en más detalle la zona afectada por el incendio, antes y después del mismo. El incendio se originó en la zona más baja, aledaña al camino de la Fuente del Avellano; un camino que, a pesar de varios intentos por acondicionarlo, casi siempre baratos y sin mayor transcendencia, no hay voluntad de las administraciones competentes (llámense Ayuntamiento, Consejería de Medio Ambiente o Patronato de la Alhambra) para un acondicionamiento integral y defintivo tanto para una mayor protección como para el aprovechamiento tanto de granadinos como de foráneos de una zona tan valiosa en el paisaje granadino. Soy de los que piensa que ayudando a conocer a los ciudadanos este paraje, su protección ante incidentes fortuitos o interesados o ante absurdas ideas de los gerentes de la ciudad estaría mucho más reforzada. Porque quien conoce los sitios, aprende a amarlos y a defenderlos. Quizás a los granadinos se nos llene la boca de orgullo de vivir en esta ciudad, pero no solemos defenderla porque seguramente la conocemos muy poco.
 
He aquí un modesto vídeo que recoge la zona quemada, su distancia respecto a la Alhambra así como  el resto de la ladera ya afectada por incendios anteriores.




Uno de los puntos de interés más interesantes de la ladera es que por ella, a media altura, discurre la Acequía Real, acequía creada por los ingenieros árabes para surtir de agua a La Alhambra, una ciudad que estaba situada en alto y que no tenía fuentes de agua para su abastecimiento. Por ello, los ingenieros diseñaron esta acequia que toma el agua del río Darro desde una cota lo suficientemente alta como para que de forma sosegada y con la pendiente imprescindible, llegue hasta la zona más alta del Generalife, desde la que también sale el ramal que riega toda la Alhambra. Junto a ella, discurre un estrecho sendero que a veces se ve encuentra con la acequía en los tramos en que ésta discurre en superficie.
 
Aunque en ocasiones, como se ve en la imagen, ha tenido que ser entubada por la erosión sufrida en el terreno a causa de los incendios producidos.

A pesar de no tener una calidad excesiva por el contraste de la luz, en esta fotografía podemos observar claramente el carácter de umbría de la ladera en contraste con la solana del Sacromonte. Aquí ya el paisaje ha perdido casi completamente su carácter urbano para irse introduciendo poco a poco en un ambiente rural, no sólo en las laderas de los montes, sino en el caserío más desperdigado de las últimas casas del Camino de Beas. La ladera, que había perdido bajo la Silla del Moro gran parte de su cubierta vegetal original, va volviendo de nuevo a la vegetación autóctona de encinas y quejigos (quizás algún roble) propia del húmedo microclima.


Incluso genera pequeños espacios como éste, en el que entre la frondosidad de la vegetación, podemos encontrarnos un banco para el descanso del sendero y solaz de la mente. También, mientras estamos sentados, podemos aprender sobre las distintas especies de aves que se prodigan, con menor o mayor suerte, por el entorno.

Conforme nos vamos acercando a la zona de Jesús del Valle, la acequía pierde su obra y discurre de forma totalmente natural entre la vegetación. Ahora las encinas y quejigos comparten su espacio con la vegetación de ribera que va creando la acequía a su paso. Junto al pequeño sendero, podemos encontrar de vez en cuando algún cómodo árbol en el que apoyarse y disfrutar del lugar.

Desde el sendero que por la ladera sigue a la Acequía Real podemos subir por este otro que muestra la fotografía hasta la planicie del Llano de la Perdiz. Son senderos sobre todo para disfrutarlos en otoño y primavera, periodos donde la cubierta vegetal muestra mayor encanto, aunque en invierno también se puede disfrutar de ellos en las horas centrales del día. Más desaconsejable es recorrerlos en verano, a no ser a muy primera hora, aunque en esta época la vegetación está bastante más mustia.  

La ladera umbrosa del río Darro se va perdiendo hacia Jesús del Valle y luego, mediante un cambio de orientación, hacía Huétor Santillán; siempre con las grandes pendientes originadas por el bloque levantado que forma el Llano de la Perdiz sobre la fractura aprovechada por el río Darro para marcar su curso. Abajo, junto al curso del río, se observa la llamada Huerta del Hornillo, con el antiguo cortijo en ruinas, restos, junto con Jesús del Valle, de lo que fue una intensa actividad agrícola en esta zona de nuestro municipio.

No hay comentarios: